Atrás Colunga, la mar de posibilidades

2015-09-02 10:00:00.000

Que Colunga es una tierra de prodigios salta a la vista. No hay más que contemplar el Sueve, y su Cruz de Pienzu, o recorrer sus pueblos y villas, con sus vistas panorámicas al mar y a la montaña a un tiempo. O disfrutar en sus playas. O andar por su Camino de Santiago. O admirar su Arte Prerrománico en Gobiendes. O sentirse como un navegante que surcara todos los océanos desde el Faro de Lastres… Desde el mar y desde la tierra, Colunga encandila con sus paisajes, sorprende con sus rincones, seduce con sus muchas historias.

Vista del Monte Sueve desde el concejo de Colunga

No es de extrañar que el gaitero de gaiteros - el de Libardón -, o que el padre de la nutrición moderna - Francisco Grande Covián -, o que los mismísimos dinosaurios no pudieran desprenderse jamás de los mágicos efluvios de este discreto, silencioso y resiliente territorio que parece creado por la mente de un artista de desbordante imaginación.

Colunga es monte y huerta, carbón y pesca, arte e historia, vida apacible. Marineros, navegantes, investigadores, indianos, peregrinos, viajeros del mundo, y tantos y tantos otros que han pasado y pasan por este lugar que deja profunda huella, y en el que dejan profunda huella - pensad por ejemplo en las icnitas de los dinausarios en la Playa de La Griega -, o en las misteriosas apariciones de calamares gigantes en la Fosa de Carrandi…

Saliendo de Lastres rumbo a la fosa de Carrandi

¡Está claro que Colunga te hará flotar sobre un mar de posibilidades!

 

Lastres, abolengo marinero

 

Tanto si arribas por tierra como por mar, Lastres tiene cientos de rostros, de perspectivas, de tomas distintas, tal vez por esta razón sea tan atractivo, tan fotogénico, tan codiciado para los rodajes y las filmaciones de todo tipo. ¡Da tanto juego visual!

Desde lo más alto o a nivel del mar su belleza cobra inusitados matices, y según desde donde lo mires cambia por completo. Se podría decir que Lastres es la villa de las mil caras, y a cada cual más sugerente.

Está literalmente descolgado o colgado - según el punto de vista - sobre la ladera de una montaña que se adentra en el mar, y su escalonada forma lo convierte en sinuoso y recóndito, lleno de pequeñas y empinadas calles con decenas de viviendas que son como los puentes de los barcos, parecen pensadas para navegar día y noche, o para ser un constante balcón a su oceánica visión.

Puerto deportivo y vista de Lastres

Lastres es como un puzzle de cientos de piezas minuciosas que encajan matemáticamente, y donde nada queda al azar, y la verdad es que pasear por esta villa es una sensación atípica. Cambiarás constantemente de altitud, y en medio de los vaivenes de sus angostas calles, te llegarán efluvios a pescados, a algas, a pura mar, será como estar en plena navegada. ¡Qué diferente a otras visitas en tierra firme!

Vista del barrio de pescadores de El Rancho, en Lastres, desde el mar

Recorrerás decenas de barrios marineros, desde El Rancho, colgado del acantilado, hasta el de San Pedro o El Piquero, encaramados en lo más alto y donde nació una parte de ese antiguo Lastres de pescadores. Verás todas las edades de la villa y todos sus estamentos sociales de antaño, desde los palacios y casas principales, hasta las casas más humildes.

Panorámica de Lastres desde el mirador de San Roque

Y cuando finalices tu periplo, en el que no podrás pasar por alto el Mirador de San Roque y su capilla, ¡Tendrás perfecta noción del abolengo marinero de este pueblo!

 

El Monte de Carrandi y sus prodigios

 

¿Te suena el Monte de Carrandi? No es ni más ni menos que el Sueve, que aparece ya desde antiguo, especialmente en las cartas de navegación, como Monte de Carrandi, y la cruz que corona el Picu Pienzu, como la Cruz de Carrandi...

Vistas del Sueve y la Playa de La Griega

Cierto es que las historias que envuelven este Monte son realmente prodigiosas, hasta tal punto que cuentan los navegantes que cuando se acercaban a la costa asturiana, ya desde diez millas podían avistar entre nubes, como una tenue línea quebrada, el inconfundible perfil del Sueve, que se alza poderoso encima mismo del pueblo de Carrandi. ¡Lo veían y lo ven desde diez millas antes de llegar, o sea a unas ocho horas de navegación! ¡Realmente impresionante!

Así que durante siglos lo primero que se dibuja en lontananza de Asturias es este Monte, que pasa por ser una de las altitudes más altas y más próximas al mar de todo el continente.

Territorio de asturcones - caballo de raza autóctona asturiana -, cordillera humanizada y ganadera, refugio de montañeros, parada obligada para los amantes de las vistas panorámicas en El Fitu, reto para deportistas del volante, sueño de senderistas, el Sueve es mucho más que un simple monte, es todo un símbolo de la orografía y el estilo de vida de la Asturias oriental.

Y cuando mira hacia Colunga sus dulces trazos montañosos abrazan al pueblo de Carrandi, encaramado en las alturas, con espléndidas vistas a esta montaña mágica y al mar.

Vista panorámica desde el pueblo de Carrandi

Carrandi  guarda celosamente en sus entrañas un gran tesoro negro. Por debajo de sus casas y sus huertas, de sus caminos, la savia del carbonífero asturiano penetra en el mar, envuelta entre misterio y realidad. ¡Otro prodigio más!

Restos del antiguo cargadero de carbón de la mina de Carrandi

Y si desde Carrandi miramos rumbo oeste, como para ir hacia el Cachucho, antes nos encontramos la Fosa de Carrandi, profundo valle submarino, hábitat del kraken y otros peces avisales, y espacio de prodigios como el Monte y el pueblo que le dan nombre…

 

Libardón, el pueblo del gaitero

 

Cuando Colunga se pierde entre montañas y lomas, entre valles verdes y frondosos, siempre bajo la atenta mirada del Sueve, nos encontramos decenas de recónditas aldeas, cálidas, acogedoras, que están como a la espera de quien quiera visitarlas, e incluso quedarse.

Vista del pueblo de Libardón

Son como una metáfora del tiempo en suspensión e inspiran una serenidad total. Es así, como dando alguna vuelta y más de una curva asturiana, por esas carreteras de montaña que deberían ser patrimonio tangible de la humanidad, nos topamos con Libardón, o Lliberdón en asturiano, que visto desde la carretera que llega de Carrandi, parece un pueblo de cuento, como esculpido en una ladera.

Uno de sus hijos ilustres y gran figura de la música tradicional asturiana, Ramón García Tuero, más conocido como el gaitero de Libardón, puso para siempre a su pueblo natal en el mapamundi de la cultura. Como merecido homenaje tiene museo propio en la aldea que lo vio nacer.

Museo dedicado al Gaitero de Libardón

Libardón te resultará inolvidable, con sus palacios, con las palmeras de sus casas de indianos queriendo tocar el cielo, con sus recuerdos de minas de carbón. Con el campanario de su iglesia al fondo del valle, que con su campana exenta compone un conjunto curioso e inhabitual en Asturias…

Iglesia de Libardón

Así que ya sabes, si vas a Colunga… ¡No dejes de pasar por Libardón!

 

¿Por qué los dinosaurios se enamoraron de Colunga?

 

Esta pregunta rondará  por tu cabeza en cuanto te veas en la Rasa de San Telmo – muy cerca de Lastres -, a las mismas puertas del Museo del Jurásico.  Allí, entre réplicas de “dinos” a tamaño real, y tan expresivos como si fueran de verdad, te sentirás en ese período de la Tierra.

Exteriores del Museo del Jurásico de Asturias

Parecen totalmente auténticos, tanto que es como si nos hablaran y nos contaran por qué se sintieron tan aclimatados en esta zona de la costa asturiana, que ya popularmente es conocida como costa de los dinosaurios.

Diferentes tipos de dinosaurios en los exteriores del MUJA

¿Por qué se habrán enamorado de Colunga? Se nos ocurren muchas razones, pero quien realmente sabe un poco de lo que ocurrió hace miles y miles de años es el científico asturiano José Carlos García Ramos, descubridor de las primeras huellas en la Playa de La Griega e inspirador del Museo del Jurásico.

Si dejas volar tu imaginación entre las réplicas de los “dinos”, tal vez te llegue a ti también la inspiración, y sientas lo a gusto que estaban estos grandiosos ejemplares en la verde Asturias, entre bosques, montañas y playas, y mirando al mar, ese mar que en Colunga se respira a cada paso…

Réplica de dinosaurio en el bosque que rodea el MUJA

¡No cabe duda que Colunga es un territorio de sabios e investigadores! ¡Y también de dinosaurios enamorados!

 

Prerrománico para navegantes

 

Si los navegantes lo primero que ven, cuando se aproximan a la Europa continental, es el Monte Sueve, los peregrinos y visitantes que se acercan a Santiago de Gobiendes lo primero que atisban es el azul del mar. Un mar que es el telón de fondo ideal para las celosías y ventanas prerrománicas de esta apacible iglesia casi en la falda del Sueve y bañada por la brisa marina.

Iglesia Prerrománica de Santiago de Gobiendes

Gobiendes es otra de las idílicas y panorámicas aldeas del concejo colungués. Esta vez, a diferencia de otras, el colofón histórico encaramado en lo más alto es una de las joyas “vivas” del Arte Prerrománico asturiano: Santiago de Gobiendes, datada en el siglo X y una de las últimas creaciones prerrománicas.

¡Santiago de Gobiendes es un Prerrománico para amantes de la navegación, porque desde su entorno se ven los barcos pasar!

 

Un Camino de flores

 

Puede que el camino de Santiago en Asturias no sea literalmente un camino de rosas… pero desde luego sí es un camino  donde las flores y la naturaleza tienen una presencia constante y protagonista.

Tramo del Camino de Santiago entre la Villa de Colung y el pueblo de Sales

Colunga es uno de los territorios por los que transcurre el Camino de la Costa,  cada vez más transitado y declarado recientemente Patrimonio Mundial por la UNESCO. Y en ese dulce transcurrir se respira un aire mixto, de mar y montaña a la vez, de sosiego, de tranquila caminata. En las proximidades y en la misma Villa de Colunga te encontrarás con peregrinos a pie o en bicicleta que aprovechan para hacer una parada en la zona y hacer una inmersión en el entorno.

¡Los acompañarán - lo mismo que a ti - las flores y los sueños de la Colunga jacobea!

 

La luz de Luces que nos guía

 

El Faro de Lastres, o de Luces, que así se llama el pueblo en el que se ubica, es un sitio sencillamente espectacular. Los acantilados a los que se asoma y que a los que dan luz en la noche y los días son un prodigio de la naturaleza, y las vistas panorámicas te harán enmudecer. No es de extrañar que sea tan fotografiado y televisivo.

Faro de Luces, en las proximidades de Lastres

Es como una pintura, con un prado verde alrededor, donde pastan vacas asturianas que miran al mar y a la tierra, lo mismo que nosotros. Y si te fijas un poco, hacia el oeste, verás el coqueto puerto de Tazones, donde hace casi quinientos años el adolescente Emperador Carlos V pisó suelo ibérico por primera vez.

¡La luz de Luces nos guía por tierra y por mar! ¡Bendito faro!

 

Colunga, la villa soñada de Grande Covián

 

La Villa de Colunga, capital de este concejo por más señas, es parada inexcusable en este periplo. Tranquila, con su ambiente de antiguos cafés, su arquitectura modernista e indiana, sus palacios medievales y renacentistas, Colunga pondrá una nota de distinción y elegancia en tu viaje.

Ejemplo de arquitectura modernista en el centro de la villa deColunga

Casa natal de Francisco Grande Covián en Colunga

En ella descubrirás la casa familiar del padre de la nutrición moderna, el conocido doctor Francisco Grande Covián, con una pequeña plaza anexa donde se exhibe un busto de este sabio de la bioquímica. Descubrirás algún que otro peregrino que se quita la fatiga del Camino, y descubrirás por qué razón Grande Covián anhelaba siempre, desde cualquier parte del mundo donde estuviera, su Colunga natal.

Busto del profesor Grande Covián mirando hacia la iglesia de Colunga

¡En realidad Colunga es como la villa soñada de un sabio! ¡Su espíritu pulula en el ambiente!
 

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