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Dos pueblos marineros a los pies de la ría del Eo
29 sep

Dos pueblos marineros dan la bienvenida en el Occidente de Asturias, Figueras y Castropol. A los pies de la ría del Eo, ofrecen panorámicas espectaculares, combinan los aires marineros con la presencia indiana y se convierten en los mejores anfitriones para adentrarse en el litoral del Principado por su pintoresca ubicación.

 

 

 

Castropol

Tras cruzar el puente de los Santos, con el mar Cantábrico a la izquierda y el río Eo a la derecha, un cartel verde anuncia la llegada al paraíso, la entrada a Asturias por la puerta occidental. Pisar esta tierra produce una emoción especial y adentrarse en el Principado siempre es un placer. Como curiosidad, este puente, también peatonal y de 612 metros de longitud, se inauguró en 1987. Además de ser una destacada obra de ingeniería, ha permitido estrechar lazos culturales, turísticos y sociales entre dos comunidades, Asturias y Galicia. Por otro lado, se alza en un impresionante paraje declarado Reserva de la Biosfera - que tiene una superficie de 158.000 hectáreas -, y que es la única de las 6 Reservas con que cuenta Asturias que tiene costa y maravillosas playas como la de Penarronda.

Playa de Penarronda

La ría del Eo es, hoy en día, uno de los estuarios mejor conservados del norte de España y ha sido y es un paso histórico del Camino de Santiago. Para adentrarse en sus aguas, en los meses cálidos se puede disfrutar de paseos turísticos en barca entre Ribadeo, Castropol y Figueras. Una cita muy recomendable por el especial interés de su avifauna y vegetación.

Peregrina atravesando el Puente de los Santos

Sobre tierra firme, a escasos metros del puente y cerca de un área recreativa, encontramos la capilla de San Román. Es la primera parada antes de adentrarse en Figueras. Una cofradía de mareantes inició la recaudación económica en 1805 para levantar este templo y una torre de vigía. Su construcción concluyó en 1842, tras una inversión de dos mil pesetas (doce euros). Fue un dineral para la época, pero solo 38 años después se reedificó por su deterioro.

Por las estrechas y tranquilas callejuelas de Figueras se baja hasta su puerto marinero. Aquí encontramos uno de los principales encantos de esta villa que rinde homenaje en todos sus rincones a aquellos que viven del mar. Antes de llegar, por el camino veremos el coqueto palacete de Peñalba, diseñado a principios del siglo XX por el arquitecto Ángel Arbéx, discípulo de Gaudí.

Palacete Peñalba

La zona portuaria de Figueras cautiva por sus contrastes. En un extremo, las grúas y enormes embarcaciones construidas en Astilleros Gondán, una empresa buque insignia de Figueras, y a escasos metros, su coqueto puerto marinero, con una flota compuesta por pequeñas lanchas de pesca y recreo. Son dos símbolos de la evolución de la villa, sobre cómo los oficios más tradicionales han dejado paso a un sector pujante. Es más que recomendable sentarse unos minutos y disfrutar relajadamente de la inmejorable vista de la ría, especialmente en los atardeceres, que añaden un plus de poesía a la belleza del entorno. A media tarde incluso podemos disfrutar y captar el bonito reflejo de la vecina Castropol sobre las aguas.

Figueras

En la zona portuaria de Figueras se pueden practicar numerosas actividades acuáticas. El Club Náutico ofrece raqueros, láser bug, kayacs, cursos de vela…  Y en las inmediaciones, antes de proseguir el camino, llamarán tu atención el edificio de la Cofradía de Pescadores ‘Nuestra Señora del Carmen’ y, en la subida por la atalaya, las características viviendas de marineros. Se construyeron principalmente en la parte baja del pueblo. En la zona alta, donde encontraremos construcciones más señoriales, se instalaron familias con mayor poder adquisitivo.

Otro de los puntos de referencia de la localidad es la Torre del Reloj, cuyo benefactor fue Domingo Gayol y Marínez Magadán. Dispuso en su testamento que “parte de sus bienes se invirtiesen en el montaje de un reloj con sus correspondiente torre y demás accesorios que sirviese de horario a los vecinos de esta villa y siempre tuviese carácter público”. En la actualidad es la Casa de Cultura de la localidad. Muy cerca se encuentran también las Escuelas Laicas, que cumplen precisamente este año su centenario. Fueron impulsadas por Florencio López Villamil, un emigrante que legó al pueblo parte de su fortuna para construir una fundación benefactora con su nombre.

Vista de Figueras desde el Palacete Peñalba

En esta ocasión continuamos en coche a nuestro próximo destino, Castropol. Otra posibilidad sería a pie. Una senda costera de sencillo acceso une ambas localidades en paralelo a la ría. ¡Merece la pena recorrerla!

Las ‘joyas’ de Castropol

 

Cuenta la leyenda que dos galeras españolas cargadas de joyas duermen en las profundidades de la ría de Eo, frente a la costa de Castropol. En estas aguas, en la ensenada de Linera, crecen otras joyas, las ostras. Los aficionados a la acuicultura pueden acercarse hasta el centro de cultivo con parrillas y sacos, bañados dos veces al día por el Cantábrico. La empresa Acueo organiza visitas por estas instalaciones, con degustación incluida. Esta actividad está teniendo tanto éxito que se ha convertido en otro de los grandes atractivos de la zona.

Ostras del Eo

En cualquier caso la belleza de esta villa marinera, declarada Pueblo Ejemplar de Asturias, no deja indiferente a nadie. Su casco histórico, Bien de Interés Cultural (el máximo nivel de protección patrimonial en Asturias), refleja el señorío de la que a partir del siglo XVI fue la cabeza económica de la zona Navia-Eo. Aún hoy es referente político y judicial para los pueblos de los alrededores, y además es el escenario de la Fiesta del Corpus con sus alfombras florales, declarada de Interés Turístico.

Alfombras florales en la fiesta del Corpus en Castropol

Asimismo, en el puerto deportivo, perfecto para dar un paseo, se pueden practicar deportes como la natación, la pesca o el remo, y descansar en sus restaurantes y terrazas.

Castropol y la ría del Eo

En este pueblo encontramos edificios señeros como la Casa Consistorial, edificada sobre las ruinas del castillo de Fiel, una fortaleza que servía de residencia al Obispo de Oviedo durante sus descansos vacacionales en el siglo XVIII, la iglesia de Santiago Apóstol, y las casas-palacio de los Valledor, o de los marqueses de San Cruz de Marcenado. Pero si algo condensa especialmente la historia y el encanto de Castropol es el parque Vicente Loriente. Situado en una espectacular alameda con vistas a la ría, refleja el poderío de aquellos que alcanzaron prestigio y reconocimiento en tierras de ultramar. Es como si el tiempo no hubiera transcurrido. Precisamente su nombre se debe al principal benefactor de la villa, un emigrante que hizo fortuna con el comercio de géneros en Cuba. Incluso el rey Alfonso XIII le concedió la Gran Cruz al Mérito Naval, la mayor distinción de la época por impulsar una estatua a Fernando Villaamil.

Esta zona conserva todo el encanto de los siglos XIX y XX, la época en la que fue creado. En este entorno está la capilla de Santa María del Campo (el único edificio conservado tras el incendio que asoló al pueblo en 1587), el quiosco de la música y el casino-teatro, casa de cultura y sede de la biblioteca municipal.

Teatro-casino en Castropol

Y en este punto termina la visita por las dos localidades más occidentales del litoral cantábrico y, como no podía ser de otra manera, con una excelente oferta gastronómica. Basta con preguntarle a cualquier oriundo para lograr las mejores recomendaciones basadas en los pescados y mariscos del Cantábrico.

Ahora bien, la visita a estas bellas villas marineras puede ser el contrapunto perfecto para seguir visitando otras zonas del concejo de Castropol, ya tierra adentro, donde te puedes encontrar sorpresas maravillosas como la Cascada del Cioyo, un salto natural de agua que sin duda te impresionará.

Cascada del Cioyo

¡Un paseo por Figueras y Castropol te resultará inolvidable!

 

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