Blog turístico de Asturias
La costa de Asturias: tras la huella de la industria mecida por la mar
03 ago

María Fernanda Fernández Gutiérrez

Cuando pensamos en Asturias, con frecuencia, se nos viene a la cabeza una imagen rotunda: una montaña que cae al mar en la que verde y azul se encuentran en una línea tan quebrada como hermosa. En esa ecuación de nuestro paisaje hay que meter un brillo metálico también: el del trabajo obrero, no menos duro por ser poco conocido para el visitante, puesto que hemos explotado recursos en esa costa que podemos calificar sin duda de industrial. En los siglos XIX y XX se vivió toda una revolución obrera con olor a salitre, ruido de máquinas, sabor a conserva, trasiego de mercancías… que hoy constituyen señas de identidad y recursos para los viajeros curiosos y ávidos de disfrutar con el patrimonio industrial.

 

 

Luanco

Os proponemos serpentear junto al Cantábrico desde Luanco hasta Puerto de Vega, seguir la carretera como hilván de este tejido de paisajes y paisanaje, recurrir al paseo sosegado en varios puntos como una ventana en el tiempo, para descubrir esta historia que os sorprenderá, entre villas y pueblos batidos por las olas con un encanto al que es difícil resistirse.

Gozón: el oficio de la mar y una mina de hierro a la vera del Cabo Peñas

 

Museo Marítimo de Asturias en Luanco

Playa de Santa Marina en Luanco

Partimos de Gozón, puesto que en la villa de Luanco se alza el Museo Marítimo de Asturias, con una colección fantástica y amplísima entre las que destacan embarcaciones como “La Bañuguera” o el utillaje de una antigua carpintería de ribera, vetustas escafandras de buzo o sobresalientes miniaturas de barcos, por citar solo algunos hitos. El paseo por el puerto pesquero, al abrigo del espigón, nos descubre una bien planteada exposición al aire libre sobre la evolución de este espacio en el que destaca un caserío tradicional, pintorescos locales hosteleros en los que es obligada la parada, y la coqueta sede de la Cofradía. La playa de La Ribera, a un costado, y la de Santa Marina a otro deben recorrerse a la orilla del mar, ya sea por la calle de La Riba o desde el paseo marítimo y adentrarse en su preciosa iglesia parroquial que es testimonio vivo de la fe de los hombres y mujeres de la mar.

El Dique en Luanco

Permitidnos una sugerencia para quienes disfrutéis del paseo sosegado y la curiosidad como guía: el ascenso por el luanquín barrio de La Soledad o Samarincha conduce a un enclave que nos traslada al pasado, se trata del entorno de “El Dique” - la ensenada de Aramar -, frente a la isla del Carmen (la única en Asturias en que se levanta una capilla, vinculada a los marineros por su advocación y devoción). Parece que aún resuenen las sierras y salpique la mar al botar aquellos navíos…pues se conservan vestigios de la intensa actividad de construcción de embarcaciones que existió aquí en los siglos XIX y XX: Unos astilleros con sus naves, gradas de construcción y botadura, así como el dique de protección, testimonio de la importante carpintería de ribera de esta zona. Hoy todo ello se ha convertido en espacio de baño y recreo que disfrutan sobre todo los vecinos y os invitamos a descubrir.

Llumeres en Gozón

Y seguimos camino hacia Llumeres (Gozón), en las estribaciones del rotundo Cabo de Peñas (esa linterna de los marinos, ese faro de pescadores… al Norte del Norte), donde se advierte la huella de la mina de hierro en la vera del mar. La mina y ensenada dan fe de la explotación de hierro más longeva de Asturias, cuya historia se remonta al año 1858 con la Compañía Minera de Gozón, aunque la mayor parte de ese tiempo estuvo en manos de Duro Felguera, emblemática firma siderúrgica de la cuenca del Nalón. En ese acantilado se conservan algunas construcciones en el entorno del antiguo pozo Simancas (almacén, casa de aseos, oficinas…), y ya en la orilla, una bocamina y el embarcadero, del que partían los barcos cargados de mineral rumbo al puerto de Gijón. Vistas espectaculares garantizadas y una ruta costera, la Senda Norte, os permitirá descubrir este enclave singular tan próximo a la playa de Bañugues que invita al chapuzón.

Cabo Peñas

Donde el Nalón se hace ría: conservas y carbón, San Juan y San Esteban, un patrimonio común

 

El Nalón es arteria principal de este paisaje asturiano: sus aguas son vitales para regar esta tierra, sus vegas generosas para que los hórreos queden repletos de tanta cosecha y su desembocadura, un espectáculo para la vista. Esos islotes idóneos para el cultivo del kiwi (que nada tiene que envidiarle al de Nueva Zelanda) se sitúan entre Soto del Barco y Muros de Nalón, los dos concejos que lo delimitan cuando el río se convierte en ría, y se divisan desde un enclave imprescindible, Somao, joya del patrimonio indiano. Ambas orillas atrajeron en su día a personalidades del relieve de Joaquín Sorolla o Rubén Darío, y hoy reclaman nuestra atención, por eso debemos visitarlas: el orden de los factores no altera el producto, y la satisfacción está garantizada para el visitante.

San Juan de la Arena en Soto del Barco

Angulas

San Juan de La Arena (Soto del Barco), a orillas de esta ría, es una localidad de tradición pesquera y vocación turística, en la que se conservan dos piezas que son memoria del pasado: la rula, o lonja de subastas, levantada por la cofradía de pescadores y única en España, dedicada en exclusiva a la angula (toda una experiencia acudir a la primera venta de la temporada, en el mes de noviembre), y una obra esmerada con el característico color azul de estas construcciones. Este precioso, exquisito y selecto alimento puede degustarse en sus locales, sobremanera durante ese Festival gastronómico de la Angula que ha merecido ser declarado de interés turístico, siempre acompañado de otros productos de la mar, porque no todo va a ser caminar y observar…Entre el caserío arracimado, destacamos también la antigua conservera Lis, sita en la avenida de los Quebrantos, única en pie de las más de 8 que llegó a tener este enclave donde cientos de mujeres ganaron su jornal y pusieron acento femenino al trabajo obrero. Edificio de comienzos del siglo XX, fue hotel, casino, cine e iglesia para convertirse, tras la guerra civil, en fábrica de la que mantiene el nombre en la fachada, de gusto ecléctico. Para los más andariegos, merece la pena acercarse hasta Soto del Barco, para apreciar el coqueto y bien restaurado Teatro Cine Clarín, casi centenario, prueba clara del ocio más popular de principios del siglo XX.

San Esteban de Pravia en Muros del Nalón

En la margen opuesta, pudiendo ir de una a otra en barca de recreo en la temporada de verano (como toda la vida se hizo, por otra parte, que la ría más que separar une a los vecinos), se sitúa San Esteban de Pravia: el que fuera mayor puerto carbonero de España.

A orillas del Cantábrico y en la ribera del Nalón, se mece una antigua villa marinera que es hoy puerto deportivo con un activo Club Náutico, que ofrece actividades formativas y de recreo, pero que no olvida –claro- su pasado industrial, cuando la llegada del ferrocarril Vasco Asturiano la transformó en una moderna localidad con su estación, sus vías, sus grúas y sus almacenes, sus cargaderos y tolvas…testimonio de su dinámica sociedad industrial. La histórica sede de la Junta de Obras del Puerto domina la dársena, conviviendo con edificios de gusto indiano (la morada de Rafael Altamira), pintoresco o historicista (la antigua capilla, hoy centro cultural), que hablan de una gran actividad comercial (hoteles, cine…), y sigue amarrada a un noray la embarcación en estado de navegación más antigua de este mar nuestro, el remolcador del año 1902 conocido como “El Vaporín”: auténtica joya del patrimonio industrial mueble. Un paseo por la antigua trinchera de ferrocarril recuperada como senda peatonal es la mejor opción en tierra, y ascender hasta la ermita del Espíritu Santo para disfrutar de unas magníficas vistas. Resulta muy recomendable el baño en sus piscinas de agua salada…toda una inmersión cultural y refrescante en Muros de Nalón.

Y siempre el occidente de Asturias: Vega, un puerto vivo en Navia, un tesoro cultural

 

Puerto de Vega

Y ahora sí, ponemos rumbo al occidente, y avanzamos hacia un puerto magnífico que da nombre a una hermosa villa: Puerto de Vega (Navia), que guarda la memoria del siempre insigne Jovellanos, el aliento de los antiguos balleneros que de su puerto salían a cazar al enorme cetáceo y, cómo no, baluartes, espigones y obras diversas que demuestran su importancia. La iglesia parroquial de Santa Marina, joya del barroco asturiano, se alza protectora y domina el mar; callejeando entre lugares tan sugerentes como la plaza de Cupido, descubrimos casonas, casas y rincones pintorescos. No dejéis de visitar el Museo etnográfico, puerta de entrada al “Parque Histórico del Navia”, que recupera parte de las instalaciones de la antigua conservera “La Arenesca”, y conserva maquinaria y bienes muebles que nos acercan a esa realidad que fue común en la orla costera y prácticamente ha desaparecido. Delante un parque que dará una tregua a los visitantes más menudos. A orillas de la mar, los antiguos astilleros “La Venecia” y claro, la histórica rula del pescado, en la que se realizan visitas guiadas que constituyen toda una experiencia cultural, que debemos rematar comiendo en alguno de los varios establecimientos de esta localidad bien afamados. Si nos adentramos en la villa, veremos casas de “americanos” retornados, y el hermoso Casino que levantaran para recreo de sus vecinos. No olvidemos que ha sido Pueblo Ejemplar de Asturias, galardón difícil de conseguir en este Principado, que es una colección de postales llenas de vida.

Rula de Puerto de Vega

 

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Texto: María Fernanda Fernández Gutiérrez

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