Blog turístico de Asturias
Oviedo, la primera capital del Camino de Santiago
24 nov

 Miguel Barrero

 

Oviedo ostenta por derecho propio, ese que solo otorga la veracidad de los hechos probados, el honor y el valor de ser el origen, el punto de partida, o como suele decirse en un tono de coloquial actualidad, el “kilómetro cero” de una ruta de espiritualidad, el Camino de Santiago, que ha marcado la historia del mundo, y que hoy más que nunca, después de algo más de mil años, atrae a miles y miles de peregrinos.

 

 

Plaza de la catedral de Oviedo con ambiente de peregrinos jacobeos

No se puede decir que todos los caminos hayan nacido en Oviedo, pero sí que de la capital asturiana partieron todos los que hoy en día conducen a Santiago. A las puertas de la catedral, una placa recuerda que de ese mismo lugar salió el rey Alfonso II, allá por los albores del siglo IX, en la que se considera la primera peregrinación a Compostela. Es un hito de sobra conocido y abordado en una buena cantidad de estudios historiográficos, pero que, por diversas razones, no había llegado a calar en el subconsciente colectivo de la ciudad hasta hace bien poco. La declaración de la ruta que siguió aquel remoto monarca asturiano, el llamado Camino Primitivo, como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco ha propiciado que Oviedo viva actualmente un gozoso reencuentro con su condición de punto de partida jacobeo.

Estatua de Alfonso II en la plaza de la Catedral de Oviedo

Una lejana historia de plena actualidad

 

La historia —o la leyenda, porque ambas se fundan y entrecruzan conformando un laberinto en el que no siempre es fácil hallar una salida— arrancó cuando un ermitaño llamado Paio descubrió en el bosque de Libredón, en la profunda Gallaecia, un sepulcro que el obispo Teodomiro, prelado de Iria Flavia, identificó como perteneciente al apóstol Santiago. Comunicada la noticia a la corte, que entonces se encontraba en Oviedo, el rey quiso acudir allí a contemplar con sus propios ojos el hallazgo. No ha quedado constancia del itinerario concreto, pero la lógica dicta que tuvo que desplazarse por la calzada romana que comunicaba Lucus Asturum (Lugo de Llanera) con Lucus Augusti (Lugo) y que una vez allí hubo de tomar la que llevaba hasta Bracara Augusta (Braga) pasando por Iria Flavia (Padrón). Lo que sí esta consignado es que ordenó levantar una iglesia sobre los restos apostólicos y que, tras su muerte, comenzaron a aparecer testimonios de viajeros que se habían decidido a seguir sus pasos en lo que fue el primer Camino de Santiago de los muchos que se irían dibujando a lo largo de los siglos siguientes.

Plaza de la Catedral de Oviedo


Fue precisamente el uso de estas vías menos arduas, en tanto que discurrían por territorios mucho más asequibles, y en especial el auge experimentado desde el siglo XIII por el llamado Camino Francés, lo que hizo que el Camino Primitivo fuese quedando relegado en las preferencias de los caminantes. También en la memoria de los territorios por los que discurría su trazado. Pese a que de vez en cuando algún que otro peregrino se animaba a emprender la aventura por su cuenta, puede decirse que Asturias dio la espalda a una tradición que, extrañamente, empezó a resultarle ajena.

Un señor llamado San Salvador
 

Cámara Santa de la Catedral de Oviedo

Las cosas han cambiado y tanto la ciudad como la comunidad autónoma han comenzado a creerse su implicación en el fenómeno jacobeo. Las evidencias, por otra parte, nunca dejaron de estar ahí. En Oviedo se mantuvo siempre en pie la catedral del Salvador, con la hermosa Cámara Santa en cuyo apostolado muchos ven la mano de un discípulo del maestro Mateo, y los ovetenses siempre han tenido a gala aquello de que «quien va a Santiago y no va a San Salvador, visita al criado y deja al Señor». En la basílica se conserva, de hecho, una soberbia imagen románica del Salvador que se considera icónica y que continúa recibiendo, tantos siglos después, a los peregrinos que emprenden a sus pies la ruta de Compostela. No es el único atractivo de un templo que, al margen de su importancia religiosa, atesora entre sus muros múltiples huellas que permiten recorrer la historia de Asturias mediante el escrutinio de sus piedras. En la Capilla del Rey Casto, por ejemplo, se encuentra en Panteón Real que una vez dio sentido a la desaparecida iglesia prerrománica de Santa María, y destaca allí el sarcófago paleocristiano de un tal Itacio del que sólo sabemos que falleció a temprana edad. La espléndida cripta de Santa Leocadia, el evocador cementerio de peregrinos o la majestuosa sala capitular —sin olvidar la magnífica torre gótica, que Clarín describió en el inicio de La Regenta con palabras tan memorables como audaces— son otros de los elementos que confieren una particular identidad a este punto en el que el Camino Primitivo inicia su aventura.

San Salvador y el retablo del altar mayor de la Catedral de Oviedo

 

Oviedo, una ciudad donde se respira el espíritu jacobeo

 

Iglesia  de San Julián de los Prados en Oviedo

Pero no es aconsejable partir de inmediato, porque para comprender las cosas hay que prestar atención al momento y el lugar en el que se originan, y un recorrido demorado por Oviedo aún permite escuchar de cuando en cuando los ecos en los que Asturias se configuraba como una realidad política independiente en una península ibérica dominada por el Islam y enviaba embajadores a la corte de Carlomagno al mismo tiempo que esbozaba el primer diseño de lo que con el tiempo se terminaría convirtiendo en la «calle mayor de Europa», siguiendo la afortunada definición de Goethe. La hermosa iglesia de San Julián de los Prados —casi resulta milagroso que haya llegado a nuestros días— quizá sea la mejor muestra de la vocación y el sentido de Estado de aquel Alfonso II que quiso fundar en este enclave norteño una nueva Toledo desde la que recuperar el esplendor perdido de la cristiandad. A unos pocos kilómetros, en la falda del Naranco, el palacio de Santa María y la iglesia de San Miguel dan fe del mayor esplendor que pudo conocer el siempre sorprendente arte asturiano. La fuente de la Foncalada, el palacio de la Rúa o el templo de los dominicos, que van saliendo al paso a poco que se camine con consistencia el centro urbano, conservan la impronta de un Oviedo medieval cuyo rastro puede completarse en las salas del Museo Arqueológico de Asturias, ubicado en las antiguas dependencias del monasterio de San Vicente cuyas ventanas abrió el padre Feijoo para que entrara por ellas la luz de la Ilustración.

Museo Aqueológico de Asturias en Oviedo

 

Un legado para la Humanidad
 

La catedral de Oviedo con su torre románica

Oviedo, que durante mucho tiempo vivió y disfrutó todo este legado en silencio, como si no se atreviera a airear y difundir sus glorias pasadas, vive un tanto perpleja la creciente presencia de peregrinos en sus calles. No es un hecho aislado: todas las poblaciones dispersas a lo largo del Camino Primitivo hablan de un auge que está muy lejos de haber tocado techo, aunque nadie quiera caer en el riesgo de la sobreexplotación. Los caminantes más avezados explican que este éxito inesperado se debe, primero, a la belleza de la ruta y, después, al hecho que de todos los itinerarios jacobeos históricos sea el único que se puede recorrer completo (del principio al fin, del alfa al omega) en un tiempo aproximado de quince días. Hay una tercera razón: el carácter virgen del paisaje y de la propia peregrinación, mucho menos masificada que otras y, por tanto, apartada de los excesos turísticos. Hay quien dice que la gran virtud del Camino Primitivo radica en mantener casi intacto lo que debió de ser el espíritu primigenio de las primeras caminatas hacia la tumba compostelana. Ésas que tuvieron en Oviedo su kilómetro cero y terminaron conformando uno de los grandes fenómenos culturales de la Europa occidental.

Plaza de la Catedral de Oviedo de noche

 

¡Ven a Oviedo, la ciudad donde nació el Camino de Santiago y compártelo en tu Facebook!

 

Texto: Miguel Barrero
 

Siguiente
Comentarios
No hay ningún comentario aún. Sea usted el primero.