Tornate al Paradiso

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Per terra, per mare e per aria. Non importa la porta d'ingresso. La visione orgogliosa della scoscesa Cordigliera Cantabrica, del profilo ondulato delle sue verdi valli e degli erti lineamenti della sua costa che si getta nel Cantabrico, un mare dal blu intenso, ammalia ancor prima di mettere piede nelle Asturie. È solo un antipasto di un'esperienza per la quale sono necessari i cinque sensi. Senza di essi non è possibile degustare la sua gastronomia, impressionarsi di fronte alla sua architettura, respirare la sua natura, ascoltare il battito del suo cuore urbano o godersi l'ospitalità.

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Las 10 mejores cosas que ver y hacer en Piloña
20 ago 2019

Piloña es uno de esos sitios que no te cansarás de visitar, porque siempre tiene un aliciente que ofrecer o un rincón nuevo que descubrir. Con aldeas que son un retrato de otro tiempo, ríos que han hecho historia, cascadas para enamorarse, rutas para ponerse en forma, o valles y montañas para perder el sentido, Piloña es territorio de asturcones, y de las mejores aguas minerales que puedas encontrar, sin olvidar que es una de las grandes reservas del Neanderthal europeo, gracias a los importantes hallazgos prehistóricos de la cueva del Sidrón.

 

 

En Piloña los planes se multiplican: lo mismo puedes hacer una maravillosa ruta etnográfica que una de senderismo, o recorrer pueblos bellos y hospitalarios, o acercarte hasta el Santuario de la Virgen de la Cueva, o dar cuenta de manjares excelentes en cualquier lugar de este municipio. Y por supuesto, cita obligada es subir al Sueve, a la majada de Espineres, a disfrutar de las estampas que te regalarán los asturcones en libertad, en uno de los montes épicos de la orografía asturiana.

Por todas estas razones y muchas más ¡Aquí tienes las 10 mejores cosas que ver y hacer en Piloña!

Infiesto, una capital con mucho encanto

 

La capital del concejo, Infiesto, es una apacible villa, que se recorre fácilmente, y que cuenta con rincones encontradizos, mirando al río Piloña, verdadero eje fluvial que vertebra el pueblo en torno a sus riberas.

Infiesto (Piloña).© Mampiris

Entre puentes y pasarelas, la vida en Infiesto es muy agradable, en gran parte gracias al sentido de la hospitalidad de sus habitantes, que hacen de cada día una fiesta. La calle del Quesu, el “puente vieyu”, la plaza mayor, la iglesia parroquial, el propio ayuntamiento, o la Casa del Tiempo son lugares y referencias ineludibles en una visita a la capital piloñesa.

Río Piloña a su paso por Infiesto. © Mampiris

En la Casa del Tiempo podrás contemplar una de las mejores colecciones de relojes antiguos de toda España, y en el mismo edificio, encontrarás la exposición permanente titulada “Los trece del Sidrón”, donde se muestran pormenorizadamente los hallazgos prehistóricos de la famosa Cueva del Sidrón, ubicada en la aldea de Vallobal.

Además, esta capital mundial de la avellana, cuenta con animadas fiestas, entre otras el festival dedicado a este suculento fruto, o el famoso descenso piragüístico del río Piloña, una competición cuya salida es un momento de gran plasticidad y belleza.

En definitiva, Infiesto es una villa para hacer parada y fonda, con tranquilidad, dejándose seducir por el leve susurro de un río mítico en la historia del piragüismo español…

La Virgen de la Cueva, un santuario muy fluvial

 

El Santuario de la Virgen de la Cueva, a escasos dos kilómetros de Infiesto, es mucho un lugar de culto especial y diferente. Su entorno natural es ideal para disfrutar del río, relajarse, tomar el sol, practicar deporte, pasear, comer, tomar un vermú, etc.

Santuario de la Virgen de la Cueva (Piloña). © Mampiris

Además, el Santuario, cuya devoción mariana hunde sus raíces más de mil atrás, está enclavado en una especular roca, aprovechando la orografía de un terreno singular. La vegetación exuberante, y el hecho de estar a pie de río, componen un armónico conjunto, muy vistoso, e inspirador de paz y tranquilidad.

Santuario de la Virgen de la Cueva (Piloña). © Mampiris

Vinculado a la historia del reino de Asturias, este Santuario es lugar de peregrinación, y también de visita de miles de turistas, que se acercan para disfrutar del paisaje y la historia al mismo tiempo.

Y evidentemente, no puedes irte de Piloña sin hacer una visita a la Virgen de la Cueva…

Espinaréu, la gran reserva etnográfica

 

Que esta zona de Asturias es una gran reserva etnográfica queda más que patente en cada aldea y en cada esquina. Los hórreos y paneras, las tenadas, o las viviendas tradicionales asturianas se multiplican en Piloña, casi tanto como las setas en otoño en los bosques de Asturias.

Espinaréu (Piloña). © Mampiris

No cabe duda que todos los artilugios e inventos relacionados con la madera, tienen en Piloña un lugar destacado. Y uno de los sitios donde se palpa esta esencia y presencia de lo tradicional es en Espinaréu, donde decenas de hórreos y paneras están diseminados por todo el pueblo, componiendo con inmensa autenticidad antojanas y caleyas.

Además, la potencia y vistosidad del río Espinaréu a su paso por esta aldea dibuja rincones únicos, de aspecto idílico.

Espinaréu es el refugio rural perfecto: para descansar, para conectar con la naturaleza, para hacer rutas, o para disfrutar de la auténtica cocina asturiana debajo de un hórreo…

Sea como fuere, si vas a Piloña, esta aldea es una de tus citas ineludibles.

La Pesanca, el refugio ideal para las xanas

 

La Pesanca es un lugar como de otro mundo. Un universo fantástico al pie del río Infierno, que en este lugar hace un remanso en forma de poza con cascada incluida.

La Pesanca (Piloña). © Mampiris

Puentes, muros, rocas, y árboles de artísticas formas, aparecen recubiertos de musgos y líquenes. Te encontrarás directamente en el reino de las xanas. Es más, reales o imaginarias, las descubrirás entre las brumas del amanecer y los destellos del sol, cuando comienza el día.

La Pesanca (Piloña). © Mampiris

Y en las praderas de los alderededores, un área recreativa espléndida para solaz de los visitantes. Además aquí comienza la ruta montañera al pico Vizcares, el más alto del concejo de Piloña.

Así que La Pesanca es el refugio perfecto no solo para las xanas, sino también para ti. Paz y tranquilidad a raudales, en un paraje único.

El valle de Borines: la pureza del agua y la Cueva del Sidrón

 

El Valle de Borines es uno de los más bellos y emblemáticos de todo el concejo de Piloña. Un paisaje que embelesa en un marco que es la cuna de una de las aguas minerales más famosas y clásicas de Asturias: la de Borines.

Valle de Borines (Piloña). © Mampiris

Laderas verdes de las que penden aldeas, un río mítico, y mucha historia. Así es este valle que se descuelga del Monte Sueve, como queriendo engancharse a la vida eterna.

Pero además, el valle Borines esconde un gran tesoro. Un tesoro desvelado para conocimiento de la Humanidad contemporánea hace 25 años: la Cueva del Sidrón, el yacimiento más rico del mundo para estudiar el ADN de los neandertales.

Exposición "Los trece del Sidrón" (Piloña). © Mampiris

Esta Cueva, que hoy por hoy no es visitable debido a las investigaciones que en ella se desarrollan, se encuentran en una preciosa aldea de la falta del Sueve, Vallobal, hasta la que si merece la pena acercarse.

En definitiva, el de Borines es un valle que no puedes perderte en tu periplo piloñés.

Villamayor, una parroquia milenaria en el corazón de Piloña

 

Bañada por las aguas del Piloña, Villamayor es una parroquia milenaria de brillante historia, tal como queda patente en sus casas principales, en su iglesia, en su antiguo monasterio de Santa María, en sus hórreos y paneras, o en sus casas indianas.

La lápida de Oculatio en la fachada de la Casa Pastrana, o la portada y el ábside del Monasterio de Santa María, te darán una idea de la solera que destilan las calles, plazas y casas de Villamayor.

Monasterio de Santa María en Villamayor (Piloña). © Mampiris

Un paseo por este lugar te hará viajar desde el románico a la arquitectura indiana en pocos metros. Una curiosa y fascinante mezcla.

El chorrón de Villamayor (Piloña). © Mampiris

Y si te apetece un baño de naturaleza, desde el mismo Villamayor, a poco más de dos kilómetros, en una sencilla ruta, se encuentra el famoso chorrón, una preciosa cascada, en un entorno mágico, con área recreativa incluida.

Espineres, la majada de los asturcones en libertad

 

El Sueve es, sin lugar a dudas, una montaña con duende. Tiene un ‘nosequé’ tan seductor que hace que, tanto sus paisajes como sus paisanajes, te dejen prendado.

Asturcones en la majada de Espineres (Piloña). © Mampiris

Y hay un lugar en el Sueve que de año en año multiplica exponencialmente su magia: es la majada de Espineres, cuyo nombre se debe a las muchas espineras que la pueblan y que le dan un aire distinto…

Entre dolinas y árboles, en medio de un paraje kárstico, los asturcones viven en libertad, con total sosiego, y te dará gusto contemplarlos en sus paseos y sus juegos, o en sus increíbles siestas al aire libre.

Asturcones en el monte Sueve (Piloña). © Mampiris

En Espineres el tiempo se detiene y da vida a un mito de la historia e identidad asturiana: el poni asturcón, que ha pervivido siglos y siglos, ayudando a la Humanidad en su duro tránsito de supervivencia, desarrollando los trabajos más duros, con una capacidad de adaptación y sufrimiento ejemplar.

Vacas en el monte Sueve (Piloña). © Mampiris

Da gusto verlos en armónica convivencia con las vacas, mimetizándose en el paisaje como si hubieran estado allí esperándote desde hace más de mil años.

Para conocerlos en todo su esplendor, es muy recomendable acudir a la Fiesta del Asturcón, declarada de Interés Turístico Nacional, que cada mes de agosto tiene como escenario precisamente la majada de Espineres.

Vistas desde la subida a la majada de Espineres (Piloña). © Mampiris

Definitivamente, la sierra del Sueve, con sus dos cruces - la del Picu Pienzu, el más alto de esta montaña -, y la de María Mingo, una pastora fallecida y enterrada allí, se tornará para ti en una realidad fantástica.

El Monte Cayón, la atalaya piloñesa de los Picos de Europa

 

La subida al Monte Cayón, otra de las referencias naturales de Piloña, es una maravilla, sobre todo por las vistas que van apareciendo ante tu mirada.

Pueblos y montañas invaden tu retina con absoluta naturalidad: Los montes de Lodeña e Incós, Cabranes, Nava, el valle de Ques, Pintueles, o la propia Sierra del Sueve. Y desde lo más alto, una visión espectacular de los Picos de Europa.

Picos de Europa desde el monte Cayón (Piloña) © Jesús Alfaro

Además, si te quieres quedar un buen rato a disfrutar del paisaje, tienes una cómoda área recreativa. Y si lo tuyo es la flora y la fauna, gozarás de lo lindo, pues el panorama es muy rico y variado: pinos y eucaliptos, abedules, bosques de alisos, avellanos y fresnos, y en el ámbito faunístico, destacan los jabalíes, corzos, gamos y venados.

Ah, y si al final te animas a subir al monte Cayón, uno de las mejores opciones es hacerlo desde el lindo pueblo de Pintueles, por donde también es recomendable que te des un paseo.

Coya, el pueblo más piragüero

 

De las muchas y bellas aldeas y parroquias piloñesas, Coya es la que mayor tradición y arraigo tiene por el deporte del piragüismo. Y ello se debe a una romántica historia ocurrida en este lugar en las primeras décadas del siglo XX: allí pasó todos los veranos de su infancia y juventud Dionisio de la Huerta, el fundador de la Fiesta de las Piraguas o Descenso Internacional del Sella. Y es que el padre de Dionisio era natural de esta aldea, y de allí había ido hacer las Américas, a finales del siglo XIX.

Parroquia de Coya (Piloña). © Mampiris

Dionisio de la Huerta se bañaba todos los veranos en el río Piloña, concretamente en un pozo conocido como el Ravión, y allí practicaba deporte, hasta que un buen día decidió navegar en piragua con unos amigos hasta Arriondas, y luego hasta Ribadesella. Estaba naciendo así una de las pruebas deportivas del descenso de ríos más importantes del mundo, y una fiesta que, a día de hoy, es la única declarada de Interés Turístico Internacional que tiene Asturias: la Fiesta de las Piraguas. Y así nacía también el piragüismo en España.

El río Piloña a su paso por Coya (Piloña). © Mampiris

Coya tiene, por tanto, el inmenso honor de ser el origen de semejante gesta, y cuando des un paseo por allí, podrás contemplar los bellos parajes del río Piloña, y la que fuera casa familiar de Dionisio de la Huerta.

Las viviendas tradicionales asturianas conviven con algunas casas indianas en Coya, y siempre presente la historia y constante fluir del río Piloña.

Areñes, la magia de una aldea con leyenda

 

Una de esas aldeas piloñesas que te resultará inolvidable es Areñes. El buen trato de los vecinos y la sencillez del lugar son dos atractivos de un sito en el que se trabaja incesantemente por recuperar la memoria colectiva, conservando impolutas sus antiguas escuelas, o sus fuentes y lavaderos.

Areñes (Piloña). © Mampiris

Además, Areñes, ubicada en el Valle del río Fontoria,  tiene algunas tradiciones únicas en Asturias, como es el caso de la procesión nocturna de las antorchas, que se celebra durante las fiestas de San Roque.

Capilla de San Roque en Areñes (Piloña). © Mampiris

Así que, al encanto de su paisaje y de su entorno, Areñes suma el inmenso valor de su historia y sus muchas anécdotas.

Una de estas curiosas historias es la leyenda de los diablinos de La Trapiella, una casona del siglo XVIII que se encuentra a las afueras del pueblo, y donde la memoria popular recuerda que hubo un grupo de diablinos muy juguetones - jugadores de bolos por más señas -, que se divertían en una bolera de oro practicando este deporte, que cuenta con tanto arraigo en el oriente de Asturias, hasta que un buen día los que por entonces habitaban la casona decidieron encerrarlos en un habitáculo para que no hicieran más ruido…

En tu periplo piloñés, Areñes es otra de esas citas ineludibles.

 

Un paseo por Piloña te descubrirá lugares e historias maravilosas! ¡Y si te ha gustado este post, compártelo en tu Facebook!

 

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