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8 lugares únicos para visitar en el occidente de Asturias
17 may

Asturias es una sucesión interminable de rincones y rutas que enamoran, y se multiplican hasta el infinito y mucho más. Y por supuesto el occidente de Asturias es un claro exponente del inmenso atractivo de una tierra que te sorprende en cada momento y que nunca te deja indiferente.

 

 

El occidente de Asturias te ofrece alicientes y lugares inusitados. Sumérgete en esta cultura y descubrirás mazos, castros, pueblos de cuento, cuevas, brañas, monasterios, capillas, molinos… Y todo dibujando un paisaje que te dejará seducido de por vida.

¡Aquí tienes 8 lugares únicos para visitar en el occidente de Asturias!

Nostalgia de los ferreros: Mazo de Meredo. Meredo. Vegadeo.

Mazo de Meredo

 

En los concejos del occidente asturiano siempre existió una mayor concentración de mazos repartidos entre Taramundi, Castropol, Boal, Los Oscos y Vegadeo. Concretamente en este último se encuentra el del pueblo de Meredo. La industria artesanal del hierro se distribuía entre las ferrerías o fábricas de hierro a partir del mineral en bruto y luego estaban los mazos, o ferrerías menores, y la fragua. En Meredo, entre otros productos, se hacían desde aperos de labranza, a todo tipo de herramientas, clavos y utensilios domésticos. El lugar es, sin duda alguna, precioso. Con una impresionante caída de agua en la presa realizada al efecto, y en un entorno de gran belleza, el viejo mazo en el que ya nada se  forja, merece no sólo mantenerse en pie sino que también se cuente tanto su historia, como la de quienes fueron sus antiguos ferreros, Modesto Pérez o Juan Talín, y contemplar al mismo tiempo como la fuerza del río Suarón, a través del movimiento de la rueda hidráulica, dotaba de vida al impresionante martillo que  golpeaba el metal con un ritmo persistente, profundo y vital. Se puede llegar en coche o también caminando en una ruta señalizada. Hay también allí mismo un área recreativa. Paz total pues no cuenta con muchas visitas.

El castro de Cabo Blanco: Cabo Blanco. Concejo de El Franco
Cabo Blanco

La senda costera entre las localidades de Viavélez y Porcía, en El Franco, cuenta en uno de sus tramos con uno de los asentamientos castreños más relevantes del occidente asturiano, el castro de Cabo Blanco. Ahora bien, no sólo impresiona imaginar “in situ” como era la vida en aquel castro,-que fue excavado y vuelto a cubrirse¨-, lo realmente impactante es la belleza de este entorno por cuyas peñas suelen verse pescadores y donde la piedra, esculpida por el viento y el mar, muestra curiosas formas donde el azul del agua y el blanco de la espuma invitan a realizar fotos inolvidables. Los que quieran “pisar” tantos siglos de historia, decirles que se puede caminar un tramo entre las impresionantes paredes de uno de sus fosos. Cuentan los estudiosos que tenía fortificaciones de defensa en cinco líneas, donde había cinco fosos y tres parapetos. Fue habitado en los siglos I y II d. C., aunque no se descarta su fundación en época prerromana.Todo eso y luego ¡la mar! y toda la hermosa senda por la que es un gustazo perderse. Desde donde mejor se llega a este lugar es desde su entrada por Valdepares.

El mundo de Otilia. Froseira. Concejo de Boal

Froseira

A veces los lugares tienen la impronta indisoluble de quienes los habitan. Tal es el caso de Otilia González que vive en Froseira, en Boal, un pueblín que es una joya etnográfica y en el que se encuentran restos de una antigua ferrería, además de un molino donde aún se sigue moliendo maíz y trigo. Es su pueblo querido, un lugar que no abandona por nada del mundo esta mujer de 85 años, que es la viva imagen de la simpatía, la generosidad y el don de gentes. Ella, que cuenta con el cariño y la compañía de los miembros de su familia, mandó construir cerca de su casa un capillina destinada a la Virgen del Carmen. Existe allí, además una ruta de senderismo que, partiendo de Doiras, lleva hasta Froseira para seguir al pico del Cuco, la Cova del Demo y el puente Urubio, para llegar de nuevo al punto de partida. A este lugar encantador se llega por la AS-12 después de pasar Doiras, por un desvío y camino asfaltado.

La más hermosa cortina de agua. Cueva del Pímpano. Concejo de Villayón
Cascada de la Cueva del Pímpano

Villayón es un concejo que, sin duda, merece el título de reino del agua por el número de cascadas que acumula. Una de las caídas de agua más hermosa, es la del regueiro La Pasada El Suco sobre la cueva del Pímpano, un espectáculo sobre todo en invierno y primavera en que la cascada cae justo sobre la parte delantera de la oquedad, formando una especie de cortina de agua por cuya parte trasera se puede pasar. Todo ello en medio de un bosque donde el sonido de la naturaleza y los colores invitan a quedarse un buen rato en silencio. Lugar propio de xanas y trasgos al que se llega tras dejar atrás el pueblo de Busmente. A un lado de la carretera hay, además, un precioso molino restaurado con información sobre su actividad y uso. Desde allí apenas son 500 metros de camino fácil hasta esta cueva.

La braña que enamora, El Campel. Parroquia de Santa Coloma. Concejo de Allande

Braña El Campel

Si hay lugares que se quedan dentro, tras descubrirlos, la braña de El Campel, en el concejo de Allande, es uno de ellos. A una altura de 860 metros se llega a ella tras cruzar el puerto de La Marta, el primero que se cierra en Asturias con las nevadas. Para los amantes de la fotografía esta braña es un auténtico lujo siendo el mejor momento para ello el atardecer en que la luz, con sol, pone brillos de plata en sus cercados de piedra y sus tejados de pizarra. La braña pertenece a la aldea de Llaneces, cerca de El Rebollo, en la parroquia de Santa Coloma. Antiguamente los pastores subían a esta braña el ganado menor en los meses de primavera y verano, principalmente cabras y ovejas y, en ocasiones, dormían en la parte superior de las cabañas, mientras que el ganado se guardaba en la parte de abajo para soltarlo al día siguiente por el pasto, y marcharse a sus quehaceres. Eso sí, no era una  braña de alzada, al revés de las de Valdés y Cudillero.

El monasterio habitado por los pájaros. Obona. Concejo de Tineo

Monasterio de Santa María la Real de Obona

Entre los numerosos lugares de parada obligada para los peregrinos que van a Santiago por el Camino Primitivo está, en Tineo, el monasterio de Obona, en la localidad del mismo nombre. Esta joya del románico asturiano llega directamente al corazón de quien se acerca hasta este lugar buscando paz, historia, y ganas de imaginar cómo era en su momento de esplendor: un centro cultural muy importante donde los monjes, además de perfeccionar las técnicas agrícolas y ganaderas, también impartían clases de Latín, Filosofía y Teología. Según un discutido documento ya desaparecido, fue fundado por el príncipe Adelgaster, hijo bastardo del rey Silo, y su mujer doña Brunilde en el siglo VIII. Los estudiosos señalan que, sobre el primigenio, se construyó en el siglo XIII este cenobio benedictino formado por la iglesia y las dependencias monacales. Hoy, siglos después, los únicos que lo habitan son la naturaleza y los pájaros.

La capilla blanca de la puerta azul. Braña de Lendepeña. Concejo de Valdés

Braña de Lendepeña

Los amantes de las carreteras secundarias gozarán yendo hasta la braña de Lendepeña, perteneciente al pueblo del mismo nombre, en el concejo de Valdés. Aquí sin duda el camino que hasta allí conduce ya es en sí mismo un regalazo por cuanto se ve: mar, costa, horizonte, pueblos, pastos, brañas, en  fin, Asturias en estado puro y generoso. Tierra de los vaqueiros de alzada, tanto la capilla como el pueblo pertenecen a la parroquia de Arcallana. Sin duda que impacta cuando, tras llegar arriba, se descubre al fondo la pequeña y preciosa capillina blanca de puerta azul en medio de una inmensidad verde donde, si algo se escucha, es el lejano zumbido de las aspas de los molinos girando a lo lejos. Allí se celebra una de las romerías más auténticas de la zona, en junio, dedicada a San Juan. La capilla fue mandada construir en 1924 por el indiano y vaqueiro Nicolás Gayo.

El molino que amaba el mar. Playa de La Vallina. Concejo de Cudillero.

Molino en la playa de La Vallina

En el concejo de Cudillero y partiendo de la localidad de Oviñana, se llega a la playa de la Vallina, de cantos rodados y poca arena, a la que se accede por una ruta sencilla y gratificante y que, ya antes de llegar hasta ella, muestra al viajero algunas de las mejores vistas de la costa del occidente y, sobremanera, del faro y el cabo Vidío. La ruta está señalizada con flechas amarillas que van cruzando el pueblo hasta llegar a una desviación, a la izquierda, donde un letrero señaliza la playa. A lo largo del sendero se siente el fluir del río Vivigo, que otros llaman allí Boumión, y en cuya orilla se levantaron hasta seis molinos harineros, buena parte ya desparecidos. En pie se mantienen, aunque sin uso, dos restaurados. Uno, en el prao, antes de bajar a la playa, con una curiosa ventana lateral y, finalmente, el que se encuentra a pie de playa, asomado a la mar, enfrentado a las mareas y las olas, y que cautiva de inmediato a quien lo descubre. A su lado cae, en pequeña cascada, el río que lo alimentaba, agua que no mueve molino, pero sin duda ilusiona a los buscadores de lugares tan especiales como este, en Asturias.

 

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Texto: Ana Paz Paredes (periodista y escritora)

 

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