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El oriente de Asturias tiene un perfil cambiante y sereno a un tiempo, con una historia y un paisaje que lo distinguen de una forma indiscutible.

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Ríos como el Sella, el Dobra y el Cares correrán siempre por la memoria de quienes los descubran. Imposible olvidarse de nuestra Santina, la Virgen de Covadonga, patrona de todos los asturianos, cuando se la visita en Cuadonga/Covadonga y, aún menos, de los lagos Enol y Ercina así como del magnífico espectáculo de los Picos de Europa donde el Urriellu, también llamado Naranjo de Bulnes, es el rey.

Montaña en estado puro. Piedra, bosques y puertos donde pastan lo animales en verano y que son un privilegio para el espíritu como lo es la sidra, otra de nuestras joyas gastronómicas y que da nombre a la Comarca de la Sidra, donde tanto se puede visitar y disfrutar a través de sus pueblos, sus gentes y su gastronomía.

Río Sella (Parres)

Río Sella (Parres).

Playas, tantas playas tam bién, tan bellas, tan distintas, tan únicas repartidas por toda la costa oriental y puertos y pueblos marineros con tanto sabor como Tazones, Llastres, Llanes o Ribadesella/Ribeseya crean adicción en el viajero.

Playa de Cue (Llanes)

Playa de Cue (Llanes).

Pero también la historia de los indianos, que se refleja en la arquitectura popular en muchos concejos del oriente, o ese recuerdo de asomarse al mundo desde el imponente puente romano de Cangues d'Onís/Cangas de Onís. Hay tanto en el oriente que se hace preciso volver muchas veces para rutear por bosques como el del Beyu Pen, en Amieva; o enamorarse del hayedo de Peloño o el Puerto de Ventaniella, en Ponga, tierras por donde se cuenta vive el Busgosu.

Imprescindible catar el Queso de Cabrales, en Cabrales; el Gamonéu, en Cangas de Onís y Onís; o los de Vidiago, Pría y Porrúa, en Llanes así como subir caminando a Bulnes o ver como el hombre vuela en ala delta sobre playas tan guapas como la de Torimbia, en Llanes.

Colombres

Colombres.

Como sucede con toda la región, también esta zona está llena de rincones inolvidables donde descansar el alma, como cuando se descubre la inmensidad del paisaje desde miradores como El Fitu o La Boriza. Y no es magia. Es, simplemente, Asturias. Más concretamente su parte oriental.

Mirador del Fitu (Parres)

Mirador del Fitu (Parres).