Blog turístico de Asturias
Las 10 mejores cosas que ver y hacer en Luarca y alrededores
24 abr 2019

Un vasto territorio, el del concejo de Valdés, que a su inmensidad une un juego de contrastes y atractivos en un mundo de vaqueiros, esculpido entre montañas, valles y altas brañas, que sueñan con abrazar la mar, que se mece a pocos kilómetros de distancia.

 

 

Y Luarca, su capital, es una apacible villa marinera, que fue un importante puerto pesquero desde la Edad Media, y que conserva muchos vestigios de ese glorioso pasado: antiguos barrios, los restos de una fortaleza, la Mesa de Mareantes y Navegantes, puentes con leyenda, o palacios y casas blasonadas. Por si esto fuera poco, vio nacer al Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa, y de él conserva muchos recuerdos.

Luarca es tan blanca que no parece atlántica. Además, es la única de toda Asturias flanqueada por dos miradores y dos capillas: la blanca, al este, y la de San Roque al oeste, y la que tiene el cementerio más bello de todo el Cantábrico.

Por supuesto, los alrededores de la Villa Blanca son una fuente inagotable de gratos descubrimientos: uno de los botánicos más grandes y exóticos de toda Europa; un Parque a medio camino entre la Tierra y el Cosmos; un Cabo donde soplan los mejores vientos y se confeccionan los mejores pasteles de España; una romería asturiana al pie de un acantilado, o las más bellas playas para disfrutar de insólitos parajes, de baños de ensueño o de olas increíbles.

¡Aquí tienes las 10 mejores cosas que ver y hacer en Luarca y alrededores!

Cabo Busto, viento y dulzura

 

Entre el sol y las nubes, el viento y la calma, se debate siempre inmenso el Cabo Busto. Precisamente este promontorio es, junto con Peñas y Vidio, una de las puntas más salientes y llamativas de toda la costa asturiana.

Cabo Busto es una de las atalayas más impresionantes sobre el litoral occidental. El entorno del faro es una gran planicie desde la que, en un barrido panorámico, observarás la altitud de las brañas vaqueiras y la grandeza del Cantábrico.

Faro del Cabo Busto

Una de las mejores formas para disfrutar y conocer el hábitat del Cabo Busto es realizar la ruta circular por la senda que existe en la zona, donde te irás encontrando miradores desde los que divisarás la línea costera, así como acantilados, playas y calas, que componen una sinfonía rocosa de gran belleza.

Si te fijas desde aquí, en los días despejados, se ve la ermita de la Blanca y el faro de la villa de Luarca, cuya presencia se intuye levemente entre el rumor de los acantilados. Y desde luego, los atardeceres son tan apacibles que se tornan en poesía pura...

Atardecer en Cabo Busto

Desde luego, no puedes irte de este lugar sin antes dar una vuelta por el pueblo de Busto, que tiene deliciosos rincones en los que se plasma la arquitectura típica del occidente de Asturias, con sus casas de piedra y esos tejados de pizarra negra tan característicos, que también se ven en los hórreos.

Y entre estos deliciosos rincones, hay uno que lo es literalmente: es el obrador y la coqueta tienda de la Confitería Cabo Busto, considerada por los críticos gastronómicos una de las mejores de España, y al frente de la cual está un jovencísimo Jonathan González, que ha retornado a su lugar de origen, para inspirarse bajo los efluvios de su Cabo Busto.

La ermita de La Regalina y la romería más panorámica

 

Uno de los pueblos más bellos del concejo de Valdés es Cadavedo. Muy conocido por su arquitectura indiana y por los muchos hórreos con que cuenta. Pero lo que de verdad lo convierte en único, es su ermita de La Regalina - que también tiene dos hórreos ubicados en las proximidades -.

Hórreo en el entorno de la ermita de la Regalina (Cadavedo)

La Regalina, ubicada en un espectacular paraje junto al mar, es uno de los lugares ‘totémicos’ de la costa occidental asturiana. Miles de viajeros, peregrinos, caminantes, romeros, escritores, artistas, cineastas, etc. han quedado prendados con este sitio, que tiene una curiosa historia, a medio camino entre la realidad y la leyenda.

Resulta que la Virgen de Nuestra Señora de Riégala – conocida popularmente como La Regalina – es la patrona de Cadavedo. Dice una leyenda  popular que la imagen se la encontró un campesino en el interior de un tronco hueco de un castaño, situado en las inmediaciones de la fuente de Riégala.

Y así en 1931 se erige la ermita de Santa María de Riégala, y ese mismo año, por iniciativa del Padre Galo, figura clave de la literatura asturiana, comienzan a celebrarse las fiestas de la Regalina, en el Campo de la Garita, frente a la ermita. Cada último domingo de agosto miles de personas participan en una misa al aire libre, aderezada con un desfile de romeros ataviados con la indumentaria tradicional, que se mueven al ritmo de los carros del país y la música de gaitas y tambores. Nunca una fiesta típica asturiana se celebró desde tan privilegiado balcón sobre el mar Cantábrico.

La Regalina, tanto el lugar como la fiesta, es realmente algo único e irrepetible.

El barrio de El Cambaral y el faro más bello del mundo

 

Luarca forma una especie de anfiteatro en blanco, lo que le da un aire entre celestial y mediterráneo, aunque sea una de las villas marineras con una mayor tradición portuaria y pesquera de todo el Cantábrico.

En un lateral de este anfiteatro fue creciendo desde la Edad Media el barrio de El Cambaral, uno de los solares fundacionales de Luarca, y que a día de hoy conserva ese sabor de tintes legendarios que nos habla de un mundo de piratas, y de un lugar donde abundaban los cangrejos.

Un paseo por las asimétricas y estrechas callejuelas de este barrio luarqués es toda una inmersión marinera, que alcanza su clímax en su parte más alta, cuando aparece ante tus ojos la Mesa de Mareantes y Navegantes, el cementerio o la ermita de la Blanca, también conocida como la ermita de la Atalaya o del Buen Jesús Nazareno.

Mesa de Mareantes y Navegantes

La Mesa de Mareantes y Navegantes es un lugar que fue habilitado en memoria de los antiguos marineros y navegantes que hicieron de Luarca un importante puerto y una villa floreciente, y fue construida a mediados del siglo XX, aprovechando los restos de una antigua fortaleza datada en el siglo XVI. El colorido azulejo cerámico que preside la mesa y que recrea a los personajes del gremio de mareantes es una auténtica joya, al igual que la secuencia cerámica que recrea la historia de Luarca.

Faro y Ermita de La Blanca o de La Atalaya

Una vez hecha la parada en la Mesa, tu destino será el faro y la ermita de la Blanca, que componen un conjunto armónico y panorámico desde donde podrás contemplar el famoso cementerio de la villa, tan blanco e impoluto y orientado hacia la costa, que resulta de una sorprendente belleza.

Cementerio de Luarca

7 puentes y una leyenda

 

Por el mismísimo corazón de la villa fluye el río Negro, que hace surgir siete puentes, que dan un aire de puro romanticismo de siglos pretéritos a Luarca.

Uno de los puentes más bellos, ubicado en las proximidades de La Pescadería, el barrio de pescadores surgido en la ladera oeste de la villa blanca, tiene una leyenda profundamente emotiva.

Puente del Beso en Luarca

En la historia del Puente del Beso se mezclan elementos épicos, literarios, a modo de resonancias de la más genuina poética de la mar: canta la memoria popular que durante la Edad Media la mar estaba asolada por temibles piratas. Uno de los más célebres de la época era el mítico Cambaral, conocido por su pericia en el asalto y su mano de hierro en la tortura. Un buen día el gobernador de Luarca hirió a Cambaral de gravedad. Fue entonces cuando la hija del gobernador le pidió a su padre que la dejase cuidar del pirata herido en palacio. Y resulta que Cambaral se enamoró perdidamente de la bellísima joven, que a su vez también se prendó del corsario. Decidieron huir juntos, y en el encuentro para su planificada fuga, se dieron un apasionado beso. Fueron inesperadamente sorprendidos por el gobernador, que, enfurecido, los decapitó con su espada. Sus cuerpos permanecieron abrazados y sus cabezas rodaron hasta el mar… Por eso dicen que en las noches donde la luna brilla, en Luarca se escuchan palabras de amor que vienen del mar…

La villa que vio nacer un Premio Nobel de Medicina

 

Literalmente, Luarca es una villa de Nobel, y es que sus calles y plazas, sus paseos, sus atalayas, sus barrios, sus palacios, y en definitiva muchos de sus rincones guardan recuerdos y anécdotas de aquel niño llamado Severo Ochoa que un día se convertiría en Premio Nobel de Medicina, alcanzando el gran hito de marcar el inicio de una nueva era en la genómica humana.

Una ruta turística por la Luarca de Severo Ochoa te llevará por diferentes lugares de la villa blanca tales como su casa natal, el Palacio de los Marqueses de Ferrera, la exposición permanente de la Oficina de Turismo y por supuesto el cementerio, donde el ilustre científico luarqués está enterrado junto a su esposa Carmen Cobián, sin olvidar la casa familiar de Villar y la playa de Portizuelo, donde el pequeño Severo comenzó a sentir la inquietud por el origen de la vida.

También podrás ver en el centro histórico de la villa, la casa donde vino al mundo, justo al lado de la plaza que, a modo de homenaje de sus paisanos, lleva su nombre.

Estatua de Severo Ochoa en las inmediaciones de la Oficina de Turismo de Luarca

Y si te apetece saber un poco más de su vida, o fotografiarte junto a él, puedes visitar la exposición permanente que hay en la Oficina de Turismo de Luarca, y contemplar la estatua que en honor de su hijo más ilustre han inaugurado en los aledaños de la misma.

El mirador de El Chano, la mirada más espectacular sobre Luarca

 

De todas las villas marineras de Asturias, Luarca es la única que está flanqueada por dos ermitas, la Blanca en el este y la de San Roque, en su parte oeste. Si estás en el centro de la villa, puedes ascender por el barrio de La Pescadería hasta ésta última, y una vez allí tendrás la más completa e inusual vista panorámica sobre Luarca.

Ermita de San Roque y Mirador de El Chano

Desde el mirador de El Chano, que está a los pies de la ermita de San Roque, tu mirada se quedará ‘enganchada’ de tanta belleza: las playas de Luarca, el puerto, el río negro con todos sus puentes surcando el corazón de la villa, y enfrente la ermita de la Blanca, el cementerio y el faro.

Además, puedes aprovechar para dar un paseo por el barrio de El Chano, con sus caserías y sus hórreos típicos, y sus vistas al mar. Y es posible que te encuentres algunos peregrinos a Santiago, que a su paso por Luarca, se despiden de la Villa Blanca saliendo por El Chano en dirección a Navia.

Los jardines de la Fonte Baixa: el mayor Jardín Botánico privado de Europa está a orillas del Cantábrico

 

En El Chano descubrirás también uno de los grandes tesoros ocultos de Luarca. Son los cada vez más populares Jardines de la Fonte Baixa. La historia de los jardines es tan curiosa que dentro de unos años tal vez se transforme en una leyenda como la del Puente del Beso. Y es que estos jardines nacen de una gran historia de amor: la del marqués de San Nicolás de Noras, José Rivera y Larraya, que un día apareció por Luarca y se enamoró literal y absolutamente del lugar donde hoy viven árboles, arbustos y plantas del mundo entero, algunas de ellas con historias increíbles como de cuento fantástico.

Jardines de la Fonte Baixa en Luarca

Más de 20 hectáreas, que se extienden por un vallejo espectacular, que absorbe como ninguno los vientos del Cantábrico, y desde el que tendrás unas vistas estupendas de Luarca.

Jardines de la Fonte Baixa en Luarca

Miles y miles de azaleas, rododendros, camelias, hortensias… se dibujan en el que hoy es el mayor jardín botánico privado de Europa, y en el que crecen especies que nunca antes se habían desarrollado fuera de su hábitat.

Por si esto fuera poco, el jardín cuenta a cada paso con piezas y antigüedades de gran valor artístico, traídas desde distintos lugares del mundo, principalmente de Europa y España. Columnas romanas, la mesa donde cenó Leonardo Da vinci, la puerta de un convento, un humilde escaño de la Asturias rural, un mascarón de proa, una fuente que perteneció a la Casa de Alba y muchas más curiosidades, te sorprenderán en el maravilloso paseo por los Jardines de la Fonte Baixa, donde además tendrás un guía de excepción: el valdesano José Manuel Alba, uno de los cerebros botánicos que han obrado este milagro de la naturaleza.

 Las mejores playas para deleitar tus sentidos

 

El concejo de Valdés llama la atención también por la belleza de sus playas. Grandes arenales o recónditas calas forman un litoral que siempre te depara insospechadas sorpresas.

Una de las playas valdesanas más famosas es la de Cueva, a escasos 7 kilómetros de Luarca. Es un lugar idílico, ideal para la vida hippie al aire libre. Imagínate un pueblo como de cuento, la desembocadura de un río puro y cristalino como el Esva, y una playa inmensa para perderte en baños, paseos y dulces atardeceres o increíbles amaneceres.

Y es que el río Esva te ofrece paisajes salvajes, y gran riqueza natural y paisajística. Así que si, después de la estancia en la costa te apetece, siempre tienes la opción de hacer la ruta de las Hoces del Esva. Verás parajes y pueblos increíbles como San Pedro de Paredes, y con suerte, alguna de las muchas nutrias que habitan el río Esva.

Playa de Otur en Valdés

Otra de las playas que no puedes perderte es la de Otur, arenal imponente que se desgrana en paisajes rocosos y muy verdes, y cuyas olas hacen las delicias de los mejores surfistas, y de todos aquellos que quieren iniciarse en la práctica de este deporte.

Planeta Barayo, el reino de las dunas y las marismas

 

Barayo es mucho más que una playa. El vistazo panorámico desde la zona verde del aparcamiento, no le hace justicia. Por eso es imprescindible que recorras esta Reserva Natural de cabo a rabo, caminando entre marismas y dunas enormes, para alcanzar la línea de la costa, en forma de inmenso arenal donde se dan las mejores olas, y los vientos intensos.

Playa de Barayo

Este paisaje protegido de la costa occidental asturiana es la frontera natural entre los concejos de Valdés y Navia, y es el lugar elegido por el río Barayo para desembocar al mar. Bosques, matorrales, acantilados, puentes y construcciones abandonadas… Un conjunto diferente, donde si eres aficionado a la flora y a la fauna, encontrarás especies únicas, y donde sentirás que estás en medio de una sosegada selva. Además, la arena de Barayo es de las más finas de toda Asturias, lo cual es un placer inmenso a la hora de tomar baños de sol y mar.

Lo cierto es que la pequeña caminata por esta Reserva Natural es una excursión perfecta para disfrutar de los paisajes extraordinarios que te ofrece la costa asturiana en el concejo de Valdés.

El Parque de la Vida, un espacio de divulgación científica único

 

Muy cerca de Luarca, se encuentra el Parque de la Vida, un espacio de divulgación científica sobre la vida en sus múltiples facetas, que te resultará sorprendente. De pronto no sabes si estás en el planeta Tierra, o si has emprendido un viaje espacial. Y tan pronto estás contemplando el firmamento, como buceando en los océanos, y viajando a las profundidades abisales.

El Parque de la Vida en Valdés

Recorrerás todas las Edades de la Tierra y llegarás a atisbar el mismísimo origen de la vida. Tomarás conciencia de la importancia de la recuperación de la fauna y la flora, y de la necesidad de mimar el ecosistema, y hacerlo sostenible energéticamente.

Zona exterior en el Parque de la Vida

Caminando entre el legado de Darwin y el de Severo Ochoa, sentirás una paz inmensa en medio de una naturaleza que cada vez tendrá menos secretos para ti. Son muchas las actividades y talleres didácticos en este espacio, algunos de ellos dedicados incluso al manejo de serpientes.

Cuando salgas del Parque de la Vida, te invadirá una sensación de viaje al centro de la Tierra y a las Galaxias a un tiempo, y si además has tenido la suerte de que te haya guiado Luis Laria, el genio creador de este Parque, ni te cuento.

 

¡El itinerario por Luarca y alrededores te resultará fascinante! ¡Y si te ha gustado este post, compártelo en tu Facebook!

 

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