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Vuelve al Paraíso

Sumérgete en la
costa y sus pueblos marineros


401. Esos son los kilómetros del litoral del Principado, su frontera con el mar Cantábrico. La costa mejor conservada de España es tierra de pescadores y armadores curtidos en su batalla contra el mar que han sabido levantar sus pueblos verticales sobre embarcaderos, a salvo de las peores mareas.

Son herederos de los cazadores de ballenas que en plena Edad Media luchaban con rudimentarios aparejos contra gigantescos cetáceos. Los faros que durante siglos han guiado su camino aún salpican los acantilados, y las rías que han marcado el carácter de los mariscadores son hoy en día reservas naturales. Su idiosincrasia se cimienta sobre oficios tradicionales, ritos marineros, un folclore singular y una gastronomía basada en su despensa natural. Cada uno tiene su singularidad y su carisma.
Pueblo marinero de Llastres/Lastres

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Asturias cuenta con 18 pueblos marineros de cultura ancestral y belleza pintoresca, con sus puertos, sus lonjas, sus calles empedradas y su tradición pesquera.

Las espectaculares casas de Cudillero y Llastres/Lastres se han construido en inverosímiles terrazas que retan a las laderas. El colorido muelle de Llanes está protegido con inmensas piedras de hormigón de la escollera; son la base de una de las obras más ambiciosas del vasco Agustín Ibarrola, Los Cubos de la Memoria.

El pequeño casco urbano de El Puerto/Viavélez es un balcón al Cantábrico y el de As Figueras/Figueras a la ría del Eo. Las villas marcan fronteras, como sucede con Bustio o Castropol, y son testigos privilegiados de la desemboca- dura de los caudalosos ríos, como San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena, en las dos orillas del Nalón. L.Luarca/Luarca es la villa blanca con edificios modernistas e indianos.

Pueblo marinero de L.Luarca/Luarca
La arquitectura de la emigración también es típica de Ortigueira/Ortiguera, un núcleo colgado a 20 metros sobre el nivel del mar. En Tazones desembarcó en España, procedente de Flandes, Carlos V. Vigila Tapia de Casariego el único faro asturiano construido en una isla. Candás y Lluanco/Luanco ya eran embarcaderos de referencia en la Edad Media y organizan eventos gastronómicos basados en productos básicos de su cocina, como las sardinas o el bonito. Uno de los asentamientos más antiguos del Occidente es Puerto de Vega, donde conviven casonas marineras y solariegas. Palacios, casonas y murallas trazan el urbanismo de Navia, uno de los pueblos marineros menos escarpados y más grandes, junto con Ribeseya/Ribadesella, que fue centro neurálgico del comercio marítimo en el siglo XIX.
Playa de Ribadesella

Playas de naturaleza salvaje

Playas de arena blanca o dorada se esconden en el litoral. Las singulares Gulpiyuri o El Cobijeru son interiores. Retiradas de la primera línea del mar, el agua se cuela por los porosos acantilados y, durante la pleamar, se transforman en piscinas de agua salada. Esa formación porosa también abre en el oriente los bufones, chimeneas horadadas en la roca por las que se escucha cómo se cuela el rugido del mar e, incluso, asoma la espuma en días de temporal marino. De evocador nombre, la playa del Silencio cuenta con varias figuras de protección, al igual que las de Vega, El Espartal, Penarronda, Frexulfe, Barayo, Rodiles y Bayas.
Playa del Silencio en Cudillero

La Senda Costera resulta una excelente herramienta para disfrutar de los matices que componen los 401 kilómetros de litoral.

Huellas de un pasado ballenero

Un documento datado en 1232 cuenta cómo los aguerridos pescadores asturianos se hacían a la mar en busca de ballenas. El punto álgido de este arte pesquero se produjo en los siglos XV y XVI para desaparecer en el XVIII. Se puede profundizar en esas huellas balleneras a través de Llanes, Ribeseya/Ribadesella, Llastres/Lastres, Gijón/Xixón, Candás, Lluanco/Luanco, Cudillero, Puerto de Vega, Ortigueira/Ortiguera, El Puerto/Viavélez, Tapia de Casariego y As Figueras/Figueras. Son visibles en el mirador de la Riba, en Puerto de Vega; en el barrio de Los Balleneros, de Llastres/Lastres; en el puerto medieval de Cadavéu/ Cadavedo o en el área recreativa de La Mofosa, en Lluanco/Luanco. Si se observa fijamente el mar desde la costa central, la mirada quizá tropiece con el surtidor de una ballena que cruza el Cantábrico.

Las playas son para el verano, pero también para pasear en pleno invierno. Los urbanitas tienen una amplia oferta con Gijón/Xixón, Ribeseya/Ribadesella o Salinas como referencias. En cambio, los amantes de la naturaleza, cuentan con otras más escondidas y salvajes, pequeñas calas y grandes arenales abiertos. Dos reservas naturales culminan en arenales de gran belleza. Son Villaviciosa, con Rodiles, y Barayo –entre Navia y Valdés-, un ecosistema que mezcla dunas, acantilados y especies botánicas únicas.
La senda costera es una ruta que se encuentra estructurada en tramos de diferentes longitudes, dureza y encanto. Los miradores de Muros de Nalón dan una visión diferente, al igual que el tramo entre Frexulfe/Frejulfe y Puerto de Vega, donde se desciende de acantilados a senderos al nivel del mar.

Playa de Cue en Llanes

De faro en faro

Una ruta por los faros de Asturias reconcilia con el paisaje, con el mar, los acantilados y las aves marinas. De cabo Busto a cabo Lastres, con parada en cabo Peñas, el punto más septentrional de Asturias, con un centro de interpretación habilitado en los bajos de la torre. Son excepcionales atalayas los faros de Tapia de Casariego, Ortigueira/Ortiguera, Candás, Tazones, Llastres/Lastres, Ribeseya/Ribadesella, Llanes y Bustio.

Faro de Avilés o Faro de San Juan