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Etapa 3: Corao - Covadonga
Km 0
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Etapa 3: Corao - Covadonga (Oriente de Asturias)
5.7 kms
Difficoltà
Tracciato della rotta
5.7 kms
Descrizione Corao - Covadonga

Iniciamos el camino en el castañeo, de árboles centenarios de formas caprichosas. La ruta, de ancho camino pasa sobre el río Güeña y tras una vuelta sale a la carretera que también desde el pueblo llega hasta la iglesia de Santa Eulalia de Abamia. Importante iglesia románica junto a la que verá tres buenos ejemplares de tejo.

Santa Eulalia, según tradición fue edificada por don Pelayo, en cuyo tiempo estaba destinada a monasterio y reformada en el siglo X. En ella fue enterrado nuestro Rey astur, junto a su esposa Gaudiosa, en losprimeros años del siglo XII. Posteriormente, sus restos serían trasladados a Covadonga.

La historia escribe que,... Ambrosio de Morales, cronista al servicio de Felipe II, relata que, ..."la iglesia fue muy pequeña, conforme a todas las de aquellos tiempos, y por fuera arrimada a ella, estaba la sepultura del Rey, y algo más apartada la de su mujer. Agora, dice, han edificado de nuevo la iglesia más grande por su mucha feligresía, y así queda dentro la sepultura del Rey, y fuera la de su mujer...". En la actualidad, en la nave de la iglesia, en el tramo más cercano a la cabecera, hay dos cenotafios a ras del suelo, bajo arcosolios. El del lado de la epístola sólo tiene una espada cincelada en la cubierta, y se atribuye a don Pelayo; el otro, en el lado del evangelio, es de forma trapezoidal y cuenta con la siguiente inscripción, que traducida dice... "Aquí yace la Reina Gaudiosa esposa del Rey Pelayo", inscripción que data del siglo XVII.

El mismo Ambrosio de Morales, escribe que... "El día que yo estuve era domingo, y parecía que estaba allí el Real del Rey don Pelayo, pues había al derredor de la Iglesia más de doscientas lanzas hincadas, de los que venían a Misa por aquellas breñas y pueden encontrar un oso, de que hay hartos, y quieren tener con que defenderse del..."

La iglesia, quedo en abandono por los años, y lo que queda de la nave original es poco. Fue declarada Monumento de interés histórico-artístico, por Decreto del 15-3- 62, y en los últimos años restaurada en su mayoría por inquietud del Párroco don Fermín Alonso, Alcalde y vecinos de Corao, así como de la Caja de Asturias. Existe también otra pequeña historia ligada a Corao y a Santa Eulalia de Abamia. A la derecha de la iglesia, existe en abandono un pequeño cementerio, donde había una modestísima tumba invadida por la maleza, cuyo verdor contrastaba casi enojosamente con el fondo negruzco de una lápida cruzada por la cicatriz de una grieta que amenazaba partirla.

Separando la hiedra, a duras penas se podía leer... "Aquí yace Roberto Frassinelli Brurnitz". El famoso personaje, el "alemán de Corao" como en su tiempo se le conoció, y que había sido festejado en vida por su valía, yacía allí en el abandono y el olvido. Frassinelli, nacido alemán, hijo de italiano y alemana, llegó a Corao hacia 1844 con 43 años de vida, muriendo allí 33 años después. Peregrino buscando la paz y la salud, halló en la Asturias cimera el horizonte deseado. Extraordinario dibujante con profundos conocimientos sobre arquitectura y arqueología, descubrió el dolmen de Abamia y tantas viejas piedras, unas nacidas más allá de la barrera histórica y otras zambullidas plenamente en ella. Las lomas riscadas de los Picos de Europa fueron recogidas por su lápiz recreándose en ello.

Sus simas, también sintieron la huella de Frassinelli, que arrancó secretos minerales de sus entrañas. También él, vibró como el mejor asturiano, ante Covadonga, volcándose con su saber. A él se debe el Santuario de la Gruta que tuvo vida hasta la Guerra Civil. El inicio de la actual Basílica a él se le atribuye. Don Pedro Pidal, escribió de él..."Amigo íntimo de aquellos torreones de piedra; de aquellos lagos solitarios; de aquella región inaccesible a todo ánimo temeroso, a toda planta insegura, a todo espíritu no tocado del amor irresistible a lo infinito que embargaba al gran compañero Roberto Frassinelli"

Actualmente, la piedra de oscuro gris pizarroso invadida de maleza, dejó de ser el cobijo de los restos fundidos con tierra asturiana de "el alemán de Corao". La acción del Grupo de Veteranos de la Montaña, con el beneplácito de la Parroquia y del Patrimonio Artístico Cultural, superó la maltrecha tumba de Roberto Frassinelli, trasladándola a la propia iglesia de Abamia para que su recuerdo perdure en la historia, que en parte él hizo, de las tierras de Corao. En el traslado de sus restos, han intervenido don Fermín Alonso, Párroco de Corao, un albañil y un veterano montañero, anónimo. Su tumba e inscripción puede verla en la parte posterior izquierda de la nave.

Desde la iglesia de Abamia, caminaremos hacia las casas próximas de Cuetu-Aleos, y el camino que asciende entre arboleda, saliendo a la pista que en una encrucijada de caminos nos da paso a terreno más abierto junto a las cabañas de La Canal, en todo ese itinerario de la Senda Frassinelli que va recibiendo por su izquierda los que vienen de Teleña. Se suceden cabañas en los lugares de La Cruz y Orientes y cuando la nueva pista toma sentido ascendente a la izquierda, deberá abandonar la Ruta de Frassinelli y por la derecha cambiar el rumbo hacia Andoreñu, grupo de viejas cabañas que están a la derecha, para salir a pradería abierta, dominando ya todo el tramo de ascenso hacia Priena. Pasará junto a Les Fuentines, con amplio abrevadero, y observará más allá por la izquierda el muro de piedra de una finca. Cuando llegue a su altura, cambiará el rumbo a la derecha pradería arriba siguiendo siempre el camino, ya que este le llevará a unas praderias mas altas continuando a la izquierda y siempre ya en dirección a la Cruz de Priena, por las camperas de Collía, que le dan paso a un tramo rocoso, saliendo a la travesía final que le lleva a la cruz que ya estará viendo, así como el escenario final de su recorrido, el Real Sitio.

Esta cruz, instalada en 1907, fue erigida "para memoria de la completa victoria de los cristianos y su caudillo don Pelayo sobre los árabes" según las Actas capitulares del Cabildo de Covadonga de octubre de 1906. Desde Priena el paisaje es hermoso, apacible, con todo ese conjunto montañoso que se deja ver, y nos rodea. Desde la cruz, descenderá hacia la izquierda según está usted mirando a Covadonga, hacia el fondo de aquella pradería, encontrando ya el camino de la Cuesta Gines, que a media ladera va perdiendo altitud, desde el collado de La Oración, en grandes lazadas. Covadonga se va acercando y hasta los mismos cirios del altar de La Virgen, puede observar en su descenso. Todo el conjunto del lugar se le ofrece completo y hermoso.

La cueva, la basílica, la estatua de Pelayo, e incluso el camino que tomará en el tramo final y que observará por la derecha de la carretera que sube al Santuario. Al final, ya casi abajo, el camino bien marcado que venía siguiendo, pasa a ser sendero dentro de un pequeño bosquecillo y este le saca a la carretera, que debe continuar usted a la izquierda, y que tras escasos cien metros en la parte final del aparcamiento que está a la derecha de la carretera y frente a la casa rural de Priena, le permite entrar en el Parque del Príncipe, señalizado con un antiguo cartel y que es enclave fundamental del Real Sitio de Covadonga. La puesta en marcha de este Jardín coincidió con la creación del Parque Nacional, y fue lugar donde don Alfonso XIII , plantó un árbol el día de la inauguración del Parque. Esta zona por la que pasa nuestro sendero, cruzaba el viejo camino de peregrinos y romeros cuando no existía la actual carretera.

Pasará junto al viejo mesón Hostal Favila, -derecha del sendero- bello edificio construido en el reinado de Carlos III, sirviendo de albergue de peregrinos hasta finales del pasado siglo. Posteriormente fue restaurado convirtiéndose en la sede de la Escolanía de Covadonga. Un camino empedrado y un senderillo le llevará a la carretera saliendo junto a los leones y la canalización del río Díva que viene del "chorrón" bajo la gruta.

Solamente le queda, subir la escalera de "la promesa" y presentarse ante La Santina.

 

Textos: Antonio Alba Moratilla