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Castro de Pendia
Boal (Occidente de Asturias)
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985 620 629
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Observaciones

Acceso señalizado desde la AS-12, a su paso por la localidad de Pendia PK19. Carretera local 2 Km. Pista sin acondicionar 1 Km.

El Castro de Pendia está declarado Bien de Interés Cultural del Principado de Asturias

La historia de la investigación de este pequeño castro se encuentra directamente vinculada a la del Castelón de Coaña, pues fueron excavados de forma simultánea a comienzos de los años cuarenta por Antonio García y Bellido y Juan Uría Ríu.

No obstante, las primeras noticias que dan cuenta de su existencia se deben a Bernardo Acevedo y Huelves que realiza en 1898 una primera descripción de las ruinas, ampliada en 1929 por Alejandro García. En 1934, José Artime, vecino de Boal realiza algunas excavaciones y, finalmente, en 1940 dan comienzo los trabajos que exhumarían el resto del poblado.

En 1999, la Consejería de Cultura del Principado de Asturias emprendió la reexcavación de los edificios más importantes como paso previo a la consolidación integral del yacimiento.

A partir de 1999 se reinician las excavaciones como parte del Plan Arqueológico de la Cuenca del Navia con el fin de proceder a la paulatina consolidación de la ruina y consiguiente reexcavación de las estructuras. En la actualidad estos trabajos se realizan bajo la responsabilidad de Fernando Rodríguez del Cueto y Ángel Villa Valdés.

La fundación del poblado se remonta a la Edad del Hierro (siglos IV-I a.C.) si bien su ocupación se prolonga durante el siglo I d.C. Destacan entre las construcciones exhumadas una gran cabaña y dos saunas rituales protohistóricas.

El castro ha sido calificado de poblado enigmático por varias razones: a su ubicación topográfica inusual se añade la desproporción entre sus potentes fortificaciones y el reducido recinto que protegían en el que, además aparecen, junto al limitado conjunto de cabañas, dos saunas castreñas similares a las descubiertas en Coaña.

Sin embargo, un examen detallado permite al visitante comprobar que, en realidad, un complejo defensivo de tal envergadura responde, precisamente, a la necesidad de transformar un emplazamiento tan vulnerable en lugar seguro para sus habitantes.

El acceso se realiza por un estrecho sendero que deja a la izquierda el foso defensivo que aislaba el asentamiento del resto de la sierra. Sobre su cara interna se aprecia la muralla que remata en torre en el punto más elevado del recinto y desde la que se disfruta una espléndida vista de conjunto. En su interior se disponen una docena de cabañas, de planta circular u oblonga, entre las que destaca por su amplitud y aislamiento la situada en el sector norte.

Estas construcciones mayores, de aparición frecuente en los castros, son interpretadas como edificios de uso comunal. Algo semejante a lo que ocurre con las dos saunas. Ambas presentaban una estructura similar con cámara principal abovedada, suelo de losas de pizarra y un horno en la cabecera que, mientras en la primera de las cámaras, la más elevada, ofrece planta semicircular, es ortogonal en la segunda. Por lo reducido del caserío la presencia de dos edificios tan singulares ha sido siempre motivo de especial interés.

Esta duplicidad tiene su explicación en la transformación de las viejas saunas castreñas desde sus modelos más primitivos hasta los que alcanzaron la dominación romana.
 

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Castro de Pendia
GPS:43.432055,-6.772397