Una cueva natural, escenario de la historia, donde se venera la imagen de la Virgen de Covadonga, la Santina, patrona de Asturias. Un lugar de devoción mariana que, desde época medieval, ha convertido a Cuadonga/Covadonga en uno de los grandes referentes espirituales de la península.
/documents/39908/1371884/intro.jpg/5b2954db-7171-a9e3-33f4-808218ec1d35?t=1679300834338
La Santina, una devoción universal
La Virgen de Covadonga suscita desde tiempo inmemorial una apasionada y apasionante devoción que tiene expresiones diversas como las promesas – muy visibles en la famosa Escalera de las promesas que sube hasta la Santa Cueva-, o la Novena – un período de nueve días de liturgia, rezos y procesión que culminan cada año el día 8 de septiembre, Festividad de la Virgen de Covadonga y Día de Asturias -, y que reúne a miles de fieles y visitantes.
Precisamente, por la devota pasión que despierta la Santina, es frecuente encontrar por toda Asturias imágenes suyas en iglesias, capillas, así como en otros espacios cívicos e incluso en los hogares. Y más allá de Asturias, la Virgen de Covadonga siempre ha sido un símbolo clave en la identidad asturiana.
Esta emoción identitaria llamada Covadonga ha prendido con fuerza en todas las comunidades asturianas fuera del Principado, y de manera muy visible en los Centros Asturianos del mundo entero: en España, en otros países europeos, en América, Asia, Australia, etc.
En definitiva Covadonga es una expresión simbólica y espiritual de asturianidad.
/documents/39908/1371884/novena.jpg/ce653c77-7244-3606-a20c-df2024ee7318?t=1784885180535
Los orígenes de la devoción mariana
Íntima es la vinculación entre Cuadonga/Covadonga y la devoción mariana, pues aunque pudiese tratarse de la cristianización de un anterior culto pagano a las aguas o divinidades naturales, ciertamente desde época medieval el lugar es claramente un sitio de devoción a la Virgen María.
Una devoción que tiene sus primeras leyendas en época de Pelayo y Alfonso I, pero que sin duda alguna desde finales del siglo IX se relaciona con el triunfo bélico y el culto a la denominada "Virgen de las Batallas". Esto acaba generando el establecimiento de una comunidad al servicio del santuario y un primer flujo de peregrinos que lo visitan con devoción, acogiéndolo la monarquía española bajo su patronato como símbolo material de sus orígenes dinásticos.
Pero, aunque fuera un lugar de gran importancia devocional e identitaria para la región asturiana —en especial para la zona más oriental—, su gran espaldarazo vendrá en el siglo XIX de la mano del obispo Sanz y Forés. Movido por la revitalización del culto mariano decimonónico, durante su episcopado buscará dotar a Cuadonga/Covadonga tanto de edificios y otros bienes materiales como de diversas gracias que solicitará a Roma como el patronazgo de la región, la existencia de una festividad propia o las indulgencias y jubileos a los que acudieran. Algo que dará nueva vitalidad al santuario y al culto a la Santina, que tendrá su mejor expresión en su coronación canónica hace más de cien años.
El himno de Covadonga
La coronación canónica de la Virgen, en 1918, fue el momento idóneo para que se compusiera un himno que sirviese de seña de identidad musical al santuario y a la devoción mariana, así como de rememoración de los hechos históricos de Cuadonga/Covadonga, con indudable valor para Asturias y para toda España. Fue una iniciativa iniciada por Don Fermín Canella, rector de la Universidad de Oviedo y cronista de Asturias, por la que se convocó un concurso de composición, y fue seleccionada la obra de Sagastizábal, con letra de Restituto del Valle. Así, en septiembre de 1918 sonó por primera vez en el santuario el "Bendita la Reina de nuestras montañas, que tiene por trono la cuna de España", que tantas veces hasta hoy ha podido oírse.
Más de medio centenar de mantos
La Santina, "pequeñina y galana" como se dice popularmente de ella con cariño, está vestida con un manto, y así la ven habitualmente los peregrinos y visitantes. La Virgen de Covadonga cuenta con más de medio centenar de mantos, donados por diferentes personalidades e instituciones a lo largo de estos siglos — el más antiguo conservado íntegro es el donado por Isabel II —. Cambiados frecuentemente, ofrecen al peregrino una imagen de la Virgen y el Niño de gran variedad cromática y estilística.
Sobre su cabeza, una corona dorada con perlas en sus aristas y brillantes incrustados con una paloma representando al Espíritu Santo, obra del sacerdote y orfebre lenense Félix Granda Buylla. Y sobre el Niño otra pequeña corona, ésta imperial, con cruces y flores de lis en piedras preciosas. Son las coronas ofrendadas por los asturianos devotos en 1918. Y completa la imagen la rosa de oro en su mano, ofrenda de la Institución Teresiana, que sustituye a la palma o bastón de mando que pudiera tener anteriormente, a juzgar por las estampas conservadas.
/documents/39908/1371884/mantos-virgen.jpg/706371e2-145b-4772-6be2-399462fc88fc?t=1784880527528
/documents/39908/1371884/pozon.jpg/1395fe27-ac30-b6fa-beb1-4dc920aebe17?t=1784880100996
Dos tradiciones: el Pozón y los Siete Caños
El silencio que reina en la gruta se ve interrumpido por el espectáculo natural que se desarrolla debajo de ella: la cascada o "chorrón" del río Mestas que surge de la piedra desembocando sonoramente en el estanque conocido popularmente como "el pozón", cuya canalización es lo único que se llevó a cabo del proyecto de Ventura Rodríguez. Es frecuente que los peregrinos y visitantes realicen una ofrenda en forma de monedas a la Santina, arrojándolas al pozón.
Bajo la cueva, en la vereda izquierda de este estanque, se encuentra la Fuente de los Siete Caños o del Matrimonio, pues como registra la tradición asturiana "La Virgen de Covadonga tiene una fuente muy clara. La niña que de ella beba, dentro del año se casa".
La singular historia de la Campanona
Cuadonga/Covadonga es un lugar de historias prodigiosas, y una de estas historias es la de la campanona, que está ubicada en las inmediaciones de la Santa Cueva, en un lugar elevado y apacible, con espléndidas vistas sobre la explanada de la Basílica.
La campanona, como se la conoce popularmente, mide tres metros de alto y pesa cinco mil kilos, y atesora una romántica historia: fue fundida en La Felguera (Langreo) a finales del siglo XIX, por la Compañía Asturiana de Metalúrgica, propiedad del ingeniero austríaco Arnaldo de Sizzo, Conde de Sizzo-Noris. Llevada a la Exposición Universal de París en 1900, allí recibió el primer premio en su categoría. Y con el paso de los años – allá por la década de los 50 del siglo XX – la campana fue donada al Santuario de Covadonga.
La campanona es una verdadera obra de arte. Los bajo-relieves esculpidos por el italiano Francesco Saverio Sortini sobre el hierro son sencillamente espectaculares, sorprendentes, todo un universo de historias clásicas, tanto cristianas como paganas.
/documents/39908/1371884/campanona.jpg/50fd1d82-1c95-859d-f231-67a4658f2278?t=1784889004156
La Santa Cueva, una gruta con mucha historia
Esta etimología testimonia claramente la importancia que el culto mariano tiene en este enclave. Algunas leyendas hablan de un eremitorio rupestre en época de Pelayo o una fundación por parte de Alfonso I, pero lo cierto es que sólo se documenta una comunidad monástica en Cuadonga/Covadonga desde principios del siglo XII.
Sea como fuere estamos ante una devoción milenaria en un escenario de exuberante naturaleza donde lo imponente de las montañas, la frondosidad del bosque, la fuerza del agua y en definitiva la grandiosidad del paisaje componen un conjunto de infinita belleza y apto para el culto espiritual.
/documents/39908/1371884/santa-cueva.jpg/859bd266-9c38-564e-7a3e-3d0d0e5a720b?t=1784888396025
El templo colgante, el "milagro de Covadonga"
El primer templo del que se tiene constancia en Cuadonga/Covadonga estaba situado en la propia gruta, ganándole espacio al aire. Se trataba de una pequeña estructura de madera —salvo una capilla pétrea que albergaba la imagen— que, salediza, quedaba encajada en la cueva y apoyada sobre una viguería volada que parecía colgar de la montaña. Era el llamado "Milagro de Covadonga", pues se pensaba que habría sido construido por ángeles para la gloria de la Virgen. A él se accedía por la Escalera de las promesas, aún hoy existente, que ascendía hasta la cueva, en paralelo a la vieja colegiata.
/documents/39908/1371884/templo-colgante.jpg/bb190e39-e6a0-b444-4c5b-6d5cff0b135b?t=1784886280357
/documents/39908/1371884/incendio-1777.jpg/40a00cc7-1beb-66d5-fd61-0127c9d0ff58?t=1679300832338
El incendio de 1777
Este complejo constituía el Santuario de Covadonga que visitaron ilustres eruditos y nos describieron, y es el que tomó bajo su protección directa la Corona española decididamente desde Felipe II. Sin embargo, el 17 de octubre de 1777 un fortuito incendio —posiblemente producido por las lámparas de la capilla— redujo el templo a cenizas, perdiéndose alhajas, exvotos, ornamentos y la propia imagen de la Virgen. La construcción en madera y su escarpada ubicación hicieron imposible combatir el fuego, y ese día se perdió completamente un patrimonio cuyos restos se sacaron del río días después.
El fallido proyecto de Ventura Rodríguez
Tras el incendio los canónigos acudieron a la Corona para lograr fondos que permitieran la reconstrucción. La Cámara de Castilla encargó al prestigioso arquitecto Ventura Rodríguez, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, diseñar el nuevo templo. Planteó en 1780 una majestuosa basílica neoclásica de dos plantas sobre el estanque frente a la cueva. El protagonismo lo tenía la monarquía, centrando el templo en el mausoleo de Pelayo y manteniendo a la Santina en la cueva, visible tras un ventanal. Aunque desembolsado un primer presupuesto, la oposición de los canónigos ante el diseño hizo que sólo se pudiera construir y canalizar el estanque bajo la cueva y en 1796 se paralizaron definitivamente las obras.
/documents/39908/1371884/ventura-rodriguez.jpg/02d9b16c-520a-0474-c368-246ed3d4c1bf?t=1679300846420
/documents/39908/1371884/frassinelli.jpg/7b4dc42b-417f-86c6-95d6-8b9e047c9fff?t=1679300828766
Un siglo XIX bajo el influjo de Roberto Frassinelli
La visita al Santuario de los Duques de Montpensier en 1857, y sobre todo la del año siguiente de la reina Isabel II supuso un impulso de reactivación de las obras en Cuadonga/Covadonga. A la propia Reina le presentó Nicolás Cástor de Caunedo un proyecto de templo historicista como nuevo monumento a la monarquía pelagiana. Pero este proyecto tampoco se llevó a término, al igual que otros intentos por parte de la Comisión Provincial de Monumentos.
Habrá que esperar al episcopado de Sanz y Forés y su encargo a Roberto Frassinelli para ver una remodelación de la cueva en 1875: la disposición de un camarín de madera tallada con una profusa decoración inspirada en el arte prerrománico asturiano, donde se colocó la Virgen dejando el resto de la gruta diáfana.
La Santa Cueva en la actualidad
Acabada la Guerra Civil, los destrozos provocados en la gruta permitieron el desmantelamiento del camarín y la construcción del entorno que hoy es visible en la gruta. Misión encargada al arquitecto Luis Menéndez Pidal, quien buscó dar protagonismo al ambiente natural de la cueva y su paisaje junto a la propia imagen, construyendo para ello una pequeña capilla o sacristía siguiendo patrones del prerrománico asturiano y buscando una ornamentación sobria que convirtiera a la propia cueva en un verdadero templo natural.
/documents/39908/1371884/cueva-actual.jpg/04a54c9b-95d9-dbeb-ab68-7318bb815a3f?t=1784886583753
La basílica y los edificios del Real Sitio
El Real Sitio de Covadonga no es solo la Santa Cueva. A su alrededor se levanta un conjunto de edificios construidos entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el santuario se dotó de la basílica, la colegiata y los alojamientos necesarios para atender a un número creciente de peregrinos.
/documents/39908/1371884/basilica-de-covadonga.jpg/bacc01c2-6fa0-8a39-e54a-1b84ca9e2ffd?t=1784888742756
La basílica de Covadonga
El día de consagración del Camarín de la cueva en 1874 el obispo de Oviedo, Benito Sanz y Forés, anunció a los fieles su intención de dotar al Santuario de un templo monumental. Aunque aún tardaría un par de años para poder ejecutarlo, se decidió levantar esta "Catedral de Covadonga" -como se denominó por muchos años- en el cerro del Cueto, una pequeña elevación en el centro del valle y frente al monte Auseva, que ofrece una espectacular perspectiva de la Santa Cueva y su entorno natural.
Fue nuevamente Frassinelli el escogido para hacer el diseño de la construcción, continuando con el revival medieval que había iniciado con el camarín, aunque escogiendo en esta ocasión el estilo neorrománico. El proyecto de Frassinelli no se ejecutó como estaba concebido y el responsable final de la obra fue el arquitecto Federico Aparici y Soriano. Así, en 1877 comenzaron las obras con el desmonte del cerro del Cueto, siendo el rey Alfonso XII— el encargado de detonar el primero de los barrenos.
Quince años después de aquel barreno el sueño de tantos fieles y peregrinos, de visitantes y viajeros de todas las épocas tomaba forma en medio de la frondosidad natural que siempre ha caracterizado este lugar en los Picos de Europa.
La Basílica de Covadonga lleva más de un siglo siendo uno de los iconos históricos y espirituales del Real Sitio, y aglutinando a miles de viajeros ávidos de descubrir todos los secretos de un lugar único en el mundo.
/documents/39908/1371884/interior-basilica.jpg/188851a3-8f0f-8163-8320-843c90ee479c?t=1784885646512
/documents/39908/1371884/claustro-colegiata.jpg/d8262b47-243a-8f01-bdd8-d5fb5b659cda?t=1679300819045
Historia de una colegiata
La Colegiata de San Fernando es el edificio más antiguo del Santuario, aunque no pervive en su forma inicial. A los pies de la gruta, a nivel del último tramo de la Escalera de las Promesas, existió un primer edificio monástico con claustro que servía como residencia al abad y los canónigos que desde al menos el siglo XII se encargaban del culto en el templo colgante. Era un edificio muy modesto cuya antigüedad atestiguan los sepulcros románicos que se conservan en el propio claustro de la Colegiata.
El paso del tiempo hizo que aquel primer edificio fuese deteriorándose y quedando inhabitable. Fue el patronazgo regio entre los siglos XVI y XVII el que dotó a la comunidad religiosa de un nuevo monasterio. Y así, de este empuje deriva el edificio que es hoy visible en un espacio aparentemente ganado al monte: una estructura rectangular de dos pisos en torno a un patio y claustro interior, con una torre en uno de los extremos y la capilla en el lado próximo a la cueva.
Tras la Guerra Civil, se levanta junto a la Colegiata un edificio gemelo que será la Casa de Novenas y en el espacio entre ambos se alza una fuente ornamental inspirada en la época de Carlos III.
Un espacio ritual y de peregrinación
Cuadonga/Covadonga es mucho más que la Santa Cueva y la Basílica. Desde luego, el complejo del Santuario se completa con otras construcciones como los ya referidos Hotel Pelayo y Hostal Favila, además de otros. Pero, sin duda, Cuadonga/Covadonga es en buena medida las personas que allí están, las que viven y atienden el santuario o los peregrinos y visitantes que hasta allí se acercan. Son el paisaje humano de Cuadonga/Covadonga, tan rico y fundamental como el espiritual y el natural admirables en el Real sitio y su entorno.
/documents/39908/1371884/escolania-covadonga.jpg/51adfefe-0154-2be3-a786-4999a01890af?t=1784883761709
La música sacra: la Escolanía
Desde siempre la música fue una de las señas de identidad del culto en Cuadonga/Covadonga. Desde el siglo pasado la música en el Real Sitio tiene una personificación en la Escolanía. Se trata de un coro de voces blancas que contribuye a la liturgia y la veneración a la Santina, dotando a las celebraciones de una particular solemnidad.
El grupo de niños cantores entre 8 y 18 años que forman esta Escolanía vive en el Santuario durante el curso escolar, pues en su actividad compaginan su formación académica con una gran preparación musical y coral bajo la dirección de reconocidos músicos.
Durante estas décadas, muchos antiguos escolanos han hecho de la música su actividad profesional —directores de orquesta, coros, profesores de conservatorio e instrumentistas—, y algunos de ellos como profesores de las siguientes generaciones de la Escolanía.
La presencia de las órdenes religiosas femeninas
Aunque su presencia puede pasar muchas veces desapercibida, el Santuario de Covadonga debe mucho de su ser a las monjas que forman parte de la comunidad permanente en torno a la Santina. En la actualidad son dos las comunidades femeninas que conviven en Covadonga. Las que han llegado más recientemente son las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, una congregación que desde finales de 2014 atiende a los peregrinos que llegan a la Casa Diocesana de Espiritualidad situada frente a la Colegiata de San Fernando. Ese año relevaban a las Esclavas del Corazón Inmaculado de María, que habían desempeñado esa labor desde 1968.
Por otro lado, las Hermanas Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, una comunidad fundada en Brasil en 1984, están a cargo de los niños de la Escolanía.
Finalmente, se ha de señalar la presencia de las laicas consagradas pertenecientes a la Institución Teresiana que viven en Covadonga y se ocupan todos los días de la atención y mantenimiento de los ropajes de la Santina y la liturgia.
/documents/39908/1371884/monjas.jpg/579fca07-3a22-c571-c3ef-f57fc0619177?t=1784883876703
/documents/39908/1371884/peregrinos-ilustres.jpg/a1929512-ca91-f307-0a12-6d8d914d9709?t=1679300842727
Una sucesión de peregrinos ilustres
Han sido muchos los peregrinos que a lo largo de la Historia han visitado Cuadonga/Covadonga. La gran mayoría de ellos son anónimos caminantes que han llegado hasta allí, pero otros nos han legado su nombre e incluso el relato de su travesía. Entre todos, cabe destacar una serie de nombres propios como el de la reina Isabel II, quien en 1858 acudió al Santuario en compañía de sus hijos Alfonso y Mª Isabel, que recibieron en la Cueva la confirmación por parte del capellán regio, San Antonio María Claret, fundador de los Claretianos.
Aunque no en peregrinación, sino viviendo en Cuadonga/Covadonga como canónigo, Pedro Poveda se dedicó en el Santuario al estudio de las cuestiones pedagógicas a principios del siglo XX, y en este lugar vería la luz su proyecto de fundar la Institución Teresiana, décadas más tarde, en 1954, peregrinó hasta Cuadonga/Covadonga el cardenal Angelo Roncalli, futuro papa Juan XXIII. Admirando la belleza del paisaje, el entonces patriarca de Venecia calificó a Cuadonga/Covadonga como una "sonrisa de la naturaleza". También rezaron ante la Santina san José María Escrivá de Balaguer, san Manuel González, la mierense Práxedes Fernández, y el papa Juan Pablo II, que la visitó en 1989.
Las rutas de peregrinación
Muchas personas a lo largo de la Historia han dirigido sus pasos para vivir su devoción ante la Virgen de Covadonga o simplemente para disfrutar de la espiritualidad y naturaleza que allí se pueden experimentar. El caminar de estos viajeros, la mayoría anónimos, ha marcado sobre el mapa rutas y caminos que conducen desde diferentes lugares al Santuario y los Picos de Europa.
Así, por ejemplo, en 1759 el capitán ovetense Cipriano González Santirso camina desde Oviedo/Uviéu a Cuadonga/Covadonga en lugar de su anciano padre para cumplir una promesa hecha a la Virgen si curaba al propio Cipriano de una enfermedad infantil. En su caminar, recorre la franja centro-oriental del interior de la región hasta llegar a las faldas del Auseva para rezar ante la Santina.
Por otro lado, son numerosísimos los testimonios escritos y fotográficos de gente que a lo largo de los siglos acudía hasta este lugar a visitar el Santuario y los Lagos, hasta el punto de convertir la "Excursión a Cuadonga/Covadonga" en una costumbre imprescindible de asturianos, indianos y visitantes.
/documents/39908/1371884/peregrinacion.jpg/508bbf1b-0e3c-ae16-efa6-7491b04a908b?t=1679300838129
Ya fuera caminando, o más adelante aprovechando el tren que llegaba hasta las inmediaciones en el Repelao o motorizados con autobuses y automóviles, Cuadonga/Covadonga y su entorno natural ha sido - y son hoy - destino de multitud de visitantes que, movidos por la fe mariana o bien por el deseo de contemplar y conectar con su simpar entorno natural, acuden hacia allí desde todos los rincones.
Resultado de ello ha sido la consagración de varias rutas - hoy convenientemente señalizadas como GR tales como el recorrido clásico desde Oviedo/Uviéu o su prólogo en Mieres, que es la Ruta Peregrina; la Travesía Andarina que comienza en Gijón/Xixón; o la Ruta de la Reconquista, también conocida como Camino Lebaniego, que hace la ruta una peregrinación entre Cuadonga/Covadonga y Santo Toribio de Liébana.
Un sentimiento llamado Covadonga
El de Covadonga es un universo singular en el más amplio sentido del término. Un mundo de historias curiosas y emociones sin límite que tocan el corazón del visitante, y muchas de estas historias tienen como protagonista a la Virgen. Una visita a Covadonga pone al alcance del viajero un sinfín de posibilidades para realizar una inmersión vital sin precedentes en un lugar único, que está más allá de geografías y mapas, y que a menudo se torna un noble y arraigado sentimiento.
Covadonga y las efemérides de 2018
En 2018 se conmemoró el primer centenario de la Coronación Canónica de la Virgen de Covadonga, junto al del Parque Nacional de los Picos de Europa y el 1300 aniversario del origen del Reino de Asturias. Coincidiendo con esa triple efeméride se celebró un Año Jubilar Mariano, que permitió ganar el jubileo y lucrar indulgencia plenaria a los miles de peregrinos que llegaron hasta Cuadonga/Covadonga, y que convirtió aquel año en uno de los más concurridos de la historia del Real Sitio.