La instalación no propone una vuelta romántica a la naturaleza. Al contrario, propone una relación sensorial a partir de los cambios que las nuevas tecnologías producen en nuestra sensibilidad. Los sonidos son reconstrucciones de paisajes naturales, pero aluden a un lenguaje musical, como si la naturaleza se expresara mediante una partitura continua. La interactividad generada por los movimientos del público evoca a la vez nuestra intervención humana en la naturaleza y sus consecuencias. Es decir, Resonancias en color naranja sugiere una experiencia perceptiva viva, donde el sentido musical y visual emerge del encuentro entre visitante, espacio y materia sonora.
El sonido no se genera de forma aleatoria: lo que se escucha es una composición musical abierta, construida a partir de las interacciones imprevisibles del público, pero siempre con un sentido musical. Esta relación entre azar y coherencia musical constituye uno de los aspectos más sugerentes de la obra: cada desplazamiento activa transformaciones únicas, aunque el conjunto mantiene armonía y continuidad expresiva. De esta manera, es en esta tensión entre lo natural y su transformación en lenguaje visual y sonoro que se sitúa el eje poético de la obra.
Esta instalación ha sido posible gracias al apoyo de del Grupo de Estudios EsArt, Escenarios para el Arte, de la Universidad de Oviedo con la colaboración del Museo Barjola.
Museo Barjola